La American Diabetes Association (ADA) publicó sus “Estándares de Atención en Diabetes 2026”, con nuevas recomendaciones y actualizaciones en obesidad, comorbilidades, tecnología y apoyo conductual
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La American Diabetes Association (ADA) publicó sus nuevas normas de atención, conocidas como “Estándares de Atención en Diabetes 2026”, que constituyen un recurso integral para médicos, investigadores, responsables de políticas sanitarias y otras partes interesadas.
Estas recomendaciones describen los elementos clave del cuidado de la diabetes, establecen objetivos terapéuticos y proporcionan herramientas para evaluar la calidad de la atención, con el objetivo de mejorar los resultados en personas con diabetes en diversas poblaciones y contextos clínicos.
A continuación, se resumen las principales actualizaciones de cada una de las 17 secciones de los Estándares de Atención en Diabetes 2026.

Los Estándares de Atención en Diabetes 2026 de la ADA constituyen un recurso integral para médicos, investigadores, responsables de políticas sanitarias y otras partes interesadas
1. Mejorar la atención y promover la salud en las poblaciones
En la edición 2026 de los Estándares de Atención en Diabetes, la ADA no introduce cambios clínicamente relevantes respecto de 2025. Las recomendaciones mantienen el mismo marco conceptual y los niveles de evidencia previamente establecidos.
Se continúa enfatizando la necesidad de que las decisiones terapéuticas sean oportunas, basadas en guías sustentadas en evidencia, e integren la toma de decisiones compartida, considerando valores individuales, preferencias, comorbilidades, pronóstico, determinantes sociales de la salud y aspectos financieros. Asimismo, se refuerza el uso de modelos de atención basados en equipos, centrados en la persona, con abordajes integrados y comunicación colaborativa continua.
La ADA también mantiene su recomendación de que los sistemas de atención faciliten tanto la atención presencial como virtual, incorporen profesionales con experiencia en diabetes y utilicen herramientas como registros de pacientes, sistemas de apoyo a la toma de decisiones y participación comunitaria.
Finalmente, se reafirma la importancia de evaluar la atención mediante métricas de calidad relevantes y de sostener una cultura de mejora continua, con programas de evaluación comparativa y trabajo interprofesional para optimizar procesos y resultados en salud.
2. Diagnóstico y clasificación de la diabetes
Se mantienen como base diagnóstica la utilización de A1C o criterios de glucosa plasmática (glucemia en ayunas, glucosa a las 2 horas en OGTT de 75 g o glucemia aleatoria con síntomas clásicos).
En ausencia de hiperglucemia inequívoca, el diagnóstico debe confirmarse con una segunda determinación. La ADA reafirma que la A1C debe medirse exclusivamente con métodos certificados por NGSP y que, ante discrepancias relevantes entre A1C y glucemia, deben considerarse interferencias analíticas o condiciones clínicas que alteren la relación A1C–glucosa, priorizando en esos casos criterios basados en glucemia.
En cuanto a la clasificación, se enfatiza la necesidad de categorizar correctamente a las personas con hiperglucemia para orientar un manejo personalizado. Se refuerza el uso de pruebas estandarizadas de autoanticuerpos de islotes en situaciones clínicas ambiguas, especialmente en adultos con características superpuestas entre diabetes tipo 1 y tipo 2.
La ADA consolida el enfoque actual sobre diabetes tipo 1 presintomática, recomendando la detección mediante autoanticuerpos (IA, GAD, IA-2, ZnT8), particularmente en personas con antecedentes familiares o riesgo genético elevado. Los individuos con positividad para uno o más autoanticuerpos deben ser evaluados para estadificación, seguimiento metabólico y, cuando corresponda, derivados a centros especializados para educación y consideración de estrategias preventivas o terapias aprobadas. Se destaca que la positividad de IA-2 constituye un factor de riesgo independiente de progresión.
Respecto a prediabetes y diabetes tipo 2, se mantiene el cribado basado en riesgo en adultos asintomáticos, utilizando evaluaciones de factores de riesgo o calculadoras validadas. Se recomienda iniciar la detección sistemática a partir de los 35 años en personas sin otros factores, y antes en individuos con sobrepeso u obesidad y factores de riesgo adicionales.
Finalmente, se mantienen recomendaciones específicas para formas particulares de diabetes, incluyendo diabetes pancreática, diabetes relacionada con fibrosis quística, diabetes postrasplante, síndromes monogénicos y diabetes gestacional. En este último grupo, la ADA reafirma el cribado temprano en personas con factores de riesgo, la detección sistemática entre las 24–28 semanas de gestación y el seguimiento posparto y a largo plazo debido al elevado riesgo de progresión a prediabetes o diabetes tipo 2.
3. Prevención o retraso de la diabetes y comorbilidades asociadas
La ADA recomienda que las personas con prediabetes sean controladas al menos anualmente para detectar la progresión a diabetes, ajustando la frecuencia según el riesgo individual. En individuos con diabetes tipo 1 presintomática, se aconseja un seguimiento estructurado de la progresión con A1C semestral y OGTT anual, pudiendo intensificarse el monitoreo mediante métricas de monitoreo continuo de glucosa según edad, perfil de autoanticuerpos y riesgo metabólico.
La intervención sobre el estilo de vida continúa siendo la estrategia central para la prevención de la diabetes tipo 2. En adultos con sobrepeso u obesidad y alto riesgo, se recomienda la derivación a programas estructurados de prevención de la diabetes orientados a lograr una pérdida de peso sostenida del 5–7 %, mediante un patrón de alimentación saludable con restricción calórica y al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada.
En cuanto a la prevención farmacológica, la metformina debe considerarse en adultos con alto riesgo de diabetes tipo 2, especialmente en personas más jóvenes con obesidad severa, niveles elevados de glucemia o A1C, y en aquellas con antecedente de diabetes gestacional. También puede considerarse para prevenir hiperglucemia inducida por fármacos, como inhibidores de PI3Kα o glucocorticoides en dosis altas. En pacientes bajo tratamiento prolongado con metformina, se recomienda vigilar periódicamente los niveles de vitamina B12.
4. Evaluación médica integral y comorbilidades
La ADA reafirma que la atención de la diabetes debe basarse en una comunicación centrada en la persona, culturalmente sensible y apoyada por equipos interprofesionales.
Se recomienda realizar una evaluación médica integral en la visita inicial y en los controles, orientada a confirmar el diagnóstico, valorar el control glucémico, identificar complicaciones y comorbilidades, evaluar determinantes sociales de la salud y definir objetivos terapéuticos mediante toma de decisiones compartida.
Se mantiene el cribado de enfermedad tiroidea autoinmune y celiaquía en diabetes tipo 1 cuando esté clínicamente indicado. En adultos mayores con diabetes, se recomienda evaluar el riesgo de fractura, monitorizar la densidad mineral ósea, considerar el impacto óseo de los fármacos hipoglucemiantes, evitar aquellos asociados a mayor riesgo de fractura y asegurar una ingesta adecuada de calcio y vitamina D. Ante deterioro cognitivo, los esquemas terapéuticos deben simplificarse.
La ADA también enfatiza la evaluación de la salud bucal, la salud sexual en hombres y mujeres con diabetes o prediabetes y el cribado sistemático de enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASH) en personas con diabetes tipo 2 o prediabetes, utilizando FIB-4 y pruebas adicionales según el riesgo, con derivación especializada cuando corresponda.
6. Objetivos glucémicos, hipoglucemia y crisis hiperglucémicas (ADA 2026)
La ADA recomienda evaluar el control glucémico mediante A1C y/o métricas de monitoreo continuo de glucosa (CGM), incluyendo tiempo en rango, por encima y por debajo del rango, con alternativas como fructosamina o CGM cuando la A1C no sea adecuada.
Para muchos adultos no embarazadas, se mantiene un objetivo de A1C <7% y tiempo en rango >70%, con límites específicos para minimizar la hipoglucemia; los objetivos deben individualizarse, pudiendo ser más estrictos en personas con bajo riesgo y más laxos en quienes presentan fragilidad, comorbilidades graves o deterioro cognitivo.
Se enfatiza la prevención, detección y manejo de la hipoglucemia, incluyendo la revisión sistemática de eventos, la evaluación de conciencia de hipoglucemia, el uso preferente de fármacos con menor riesgo hipoglucémico y la desintensificación del tratamiento cuando los riesgos superan los beneficios.
El uso de CGM y la prescripción de glucagón se recomiendan en personas con alto riesgo, junto con educación estructurada continua. Además, la ADA indica revisar en cada consulta el antecedente de crisis hiperglucémicas (cetoacidosis diabética y estado hiperosmolar hiperglucémico) y proporcionar educación específica para su reconocimiento, prevención y manejo.
7. Tecnologías de la diabetes
La ADA recomienda que las tecnologías para la diabetes —incluyendo monitoreo continuo de glucosa (CGM), infusión subcutánea continua de insulina (CSII), bolígrafos de insulina conectados y sistemas de administración automatizada de insulina (AID)— se ofrezcan a todas las personas con diabetes, con una selección individualizada según necesidades, habilidades, preferencias y contexto del paciente y/o cuidador.
El inicio de estas tecnologías puede considerarse desde el diagnóstico, sin requerimientos de péptido C, autoanticuerpos ni duración previa de insulinoterapia.
Se enfatiza la necesidad de educación inicial y continua, el uso de informes estandarizados, y el acceso ininterrumpido a dispositivos y suministros, independientemente de la edad o el nivel de A1C.
La CGM se recomienda en personas en tratamiento con insulina, en terapias con riesgo de hipoglucemia y durante el embarazo, y puede utilizarse de forma continua o intermitente según las circunstancias. Los sistemas AID se establecen como el método preferido de administración de insulina en diabetes tipo 1 y en personas seleccionadas con diabetes tipo 2, siempre mediante toma de decisiones compartida.
8. Obesidad y control del peso
La ADA enfatiza un enfoque centrado en la persona, con lenguaje no estigmatizante, detección y seguimiento regular del exceso de adiposidad y provisión de privacidad durante las mediciones.
En personas con diabetes tipo 2 y sobrepeso u obesidad, el control del peso es un objetivo central del tratamiento, junto al control glucémico. Cualquier pérdida de peso es beneficiosa, con mejoras metabólicas claras a partir del 5–7%, y beneficios mayores —incluida posible modificación de la enfermedad o remisión— con pérdidas sostenidas >10%.
El manejo debe ser individualizado e integrar intervenciones sobre estilo de vida, apoyo conductual, farmacoterapia y cirugía metabólica cuando corresponda, considerando determinantes sociales y preferencias personales.
Se prioriza el uso de fármacos con efecto favorable sobre el peso, recomendando como primera línea agonistas del receptor GLP-1 o agonistas duales GIP/GLP-1 (semaglutida, tirzepatida), mantenidos a largo plazo para evitar la recuperación ponderal. La estrategia debe ajustarse y escalarse si no se alcanzan los objetivos, con monitoreo continuo y apoyo sostenido.
9. Terapia farmacológica en adultos con diabetes
En diabetes tipo 1, la ADA recomienda tratar a la mayoría de los adultos con infusión subcutánea continua de insulina o esquemas de múltiples dosis diarias de insulina basal y prandial, priorizando análogos de insulina o insulina inhalada para reducir el riesgo de hipoglucemia.
En diabetes tipo 2, la elección del tratamiento debe basarse en toma de decisiones compartida, considerando eficacia, comorbilidades cardiovasculares, renales y hepáticas, peso, riesgo de hipoglucemia, costo y preferencias. Se promueve el inicio temprano de terapia combinada y el uso prioritario de agonistas del receptor GLP-1 y/o inhibidores SGLT2 en personas con enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardíaca o enfermedad renal crónica, independientemente de la A1C. Los GLP-1 RA (y agonistas duales GIP/GLP-1) son preferidos en obesidad, ICpEF y MASLD/MASH, mientras que los SGLT2 son clave en insuficiencia cardíaca y ERC.
La ADA recomienda ajustar e intensificar el tratamiento sin demoras, evitar combinaciones sin beneficio (como DPP-4 con GLP-1 RA), minimizar fármacos con alto riesgo de hipoglucemia y priorizar estrategias con beneficios cardiometabólicos y de peso. La insulina debe iniciarse ante hiperglucemia marcada o síntomas, pero en ausencia de estas situaciones se prefiere terapia basada en GLP-1, y cuando se usa insulina, se aconseja combinarla con GLP-1 RA para mayor eficacia y menor riesgo de hipoglucemia.
10. Enfermedad cardiovascular y control de factores de riesgo
En personas con diabetes, la presión arterial debe medirse en cada visita y confirmarse con múltiples registros.
La hipertensión se define como ≥130/80 mmHg, y se recomienda el automonitoreo domiciliario tras educación adecuada. Los objetivos de presión arterial deben individualizarse, aunque, si es seguro, se propone <130/80 mmHg, con consideración de PAS <120 mmHg en individuos con alto riesgo cardiovascular o renal.
Ante cifras >120/80 mmHg, se indican intervenciones de estilo de vida. Cuando la presión confirmada es ≥130/80 mmHg, debe iniciarse tratamiento farmacológico, y con valores ≥150/90 mmHg se recomienda inicio rápido de terapia combinada.
El tratamiento debe incluir fármacos con beneficio cardiovascular demostrado; los IECA o ARA II son de primera línea en personas con albuminuria, enfermedad renal crónica o enfermedad coronaria, evitando combinaciones del sistema renina-angiotensina y con monitoreo de función renal y potasio. Estos fármacos deben evitarse en personas con potencial fértil sin anticoncepción confiable.
La intervención intensiva en el estilo de vida es central para reducir el riesgo cardiovascular y mejorar el perfil lipídico. Se recomienda pérdida de peso cuando esté indicada, patrones alimentarios mediterráneo o DASH, reducción de grasas saturadas y trans, aumento de ácidos grasos n-3, fibra soluble, esteroles y estanoles vegetales, junto con mayor actividad física. En personas con triglicéridos elevados y/o HDL bajo, se debe intensificar el estilo de vida y optimizar el control glucémico.
11. Enfermedad renal crónica (ERC)
Se recomienda evaluar anualmente la función renal mediante UACR y eGFR en diabetes tipo 1 (≥5 años de evolución) y en todas las personas con diabetes tipo 2; en presencia de ERC, el monitoreo debe intensificarse según el estadio. El objetivo terapéutico es reducir la albuminuria ≥30% en personas con UACR ≥300 mg/g para enlentecer la progresión de la ERC.
En ERC estadio G3 o mayor, la ingesta proteica recomendada es 0,8 g/kg/día (1,0–1,2 g/kg/día en diálisis). Deben optimizarse el control glucémico y de la presión arterial, con objetivo <130/80 mmHg (idealmente PAS <120 mmHg si es seguro).
En personas no embarazadas con diabetes, hipertensión y albuminuria, se recomiendan IECA o ARA II a dosis máximas toleradas, con monitoreo de eGFR y potasio; no se indican para prevención primaria renal en sujetos normotensos y sin albuminuria. El bloqueo del sistema renina-angiotensina debe mantenerse ante aumentos leves-moderados de creatinina (≤30%) si no hay depleción de volumen.
En ERC avanzada, los inhibidores de SGLT2 pueden continuarse con eGFR <20 ml/min/1,73 m² para reducir progresión y riesgo cardiovascular, y en personas en diálisis puede utilizarse terapia basada en GLP-1 no dependiente de eliminación renal para reducir riesgo cardiovascular y mortalidad.
12. Retinopatía, neuropatía y cuidado del pie
Para retinopatía diabética, se recomienda optimizar el control glucémico, de la presión arterial y de los lípidos para reducir el riesgo y enlentecer la progresión.
La neuropatía diabética debe evaluarse desde el diagnóstico en diabetes tipo 2 y a los 5 años en diabetes tipo 1, y luego anualmente. La evaluación incluye historia clínica, pruebas de fibra pequeña (temperatura o pinchazo), vibración (diapasón 128 Hz) y monofilamento de 10 g anual para identificar pies en riesgo. La neuropatía autonómica debe pesquisarse con síntomas y signos típicos, especialmente en presencia de otras complicaciones microvasculares.
El cuidado del pie requiere una evaluación integral anual (inspección cutánea, deformidades, examen neurológico y vascular). Las personas con pérdida de la sensibilidad protectora, úlceras o amputaciones previas deben controlarse en cada visita. Se recomienda detección de enfermedad arterial periférica, abordaje interprofesional (incluido podólogo) en pies de alto riesgo, educación en autocuidado, derivación para cesación tabáquica, y calzado terapéutico en alto riesgo. En úlceras crónicas refractarias, considerar terapias avanzadas con evidencia.
13. Adultos mayores
En adultos mayores con diabetes se recomienda una evaluación integral de los dominios médico, psicológico, funcional y social para definir objetivos terapéuticos individualizados, con tamizaje anual de síndromes geriátricos, hipoglucemia y polifarmacia. La hipoglucemia debe pesquisarse y abordarse en cada control, dado su mayor riesgo en este grupo.
Se recomienda CGM en adultos mayores con diabetes tipo 1 y en diabetes tipo 2 en tratamiento con insulina, y considerar sistemas automatizados de administración de insulina u otros dispositivos avanzados según capacidad y apoyo, para reducir hipoglucemia y carga terapéutica.
Los objetivos glucémicos deben ajustarse al estado de salud: metas más estrictas en personas con buena salud y función preservada; objetivos menos exigentes y prioridad en evitar hipoglucemia en salud intermedia o compleja; y enfoque en evitar hipoglucemia e hiperglucemia sintomática en salud muy compleja o deteriorada. La detección de complicaciones debe individualizarse, priorizando aquellas que impactan la función y la calidad de vida.
El objetivo de presión arterial suele ser <130/80 mmHg si es seguro, pudiendo relajarse en personas con mala salud o esperanza de vida limitada. El manejo de otros factores de riesgo cardiovascular debe individualizarse según el marco temporal de beneficio esperado.
14. Niños y adolescentes
El manejo de la diabetes en niños y adolescentes requiere educación continua e individualizada para la autogestión, culturalmente apropiada y adaptada al desarrollo, que debe iniciarse al momento del diagnóstico y mantenerse de forma rutinaria.
La terapia nutricional médica personalizada es un pilar esencial del tratamiento, con énfasis en patrones alimentarios saludables y en el monitoreo de la ingesta de carbohidratos, así como en la educación sobre el impacto de comidas ricas en grasas y proteínas sobre la glucemia posprandial.
La actividad física es recomendada para todos los niños y adolescentes con diabetes, con un objetivo de al menos 60 minutos diarios de ejercicio aeróbico moderado a vigoroso, incorporando fortalecimiento muscular y óseo. En quienes utilizan insulina, es fundamental el monitoreo glucémico antes, durante y después del ejercicio, junto con estrategias educativas específicas para prevenir la hipoglucemia asociada a la actividad física.
La atención psicosocial forma parte integral del cuidado. Se recomienda el tamizaje sistemático de angustia por la diabetes, síntomas de ansiedad o depresión, conductas alimentarias desordenadas y factores familiares o sociales que puedan interferir con el tratamiento, con derivación oportuna a profesionales de salud conductual. La participación familiar debe ser apropiada para la etapa del desarrollo, evitando transferencias prematuras de responsabilidades. Asimismo, deben evaluarse determinantes sociales de la salud, el ajuste escolar y social, y ofrecer espacios de atención confidencial a los adolescentes, incorporando educación en salud reproductiva durante la pubertad.
En cuanto al tratamiento y monitoreo, se recomienda ofrecer monitoreo continuo de glucosa desde el diagnóstico o lo antes posible, así como sistemas automatizados de administración de insulina o bombas de insulina cuando sea apropiado, según las necesidades y preferencias del niño y su familia.
Finalmente, se recomienda el tamizaje basado en riesgo para prediabetes y diabetes tipo 2 en niños y adolescentes con sobrepeso u obesidad a partir de los 10 años o del inicio de la pubertad, utilizando pruebas glucémicas estándar. En casos de hiperglucemia, es esencial descartar diabetes tipo 1 mediante la determinación de autoanticuerpos pancreáticos.
15. Manejo de la diabetes en el embarazo
El asesoramiento preconcepcional debe integrarse al cuidado rutinario de todas las personas con diabetes y potencial fértil desde la pubertad. Este abordaje incluye planificación familiar, uso de anticoncepción efectiva hasta optimizar el control metabólico y educación sobre la importancia de alcanzar niveles de glucosa lo más cercanos a lo normal posible, idealmente con A1C <6,5%, para reducir el riesgo de malformaciones congénitas y complicaciones materno-fetales.
Las personas con antecedentes de diabetes gestacional deben recibir evaluación y atención preconcepcional para detectar y tratar hiperglucemia antes del embarazo.
Las personas con diabetes preexistente que planifican un embarazo deben, idealmente, iniciar atención interprofesional antes de la concepción, incorporando endocrinología, medicina materno-fetal, nutrición y educación en diabetes. Además del control glucémico, la atención debe enfocarse en hábitos de vida saludables, educación en autocuidado y detección de comorbilidades y complicaciones. En este contexto, es fundamental el asesoramiento sobre el riesgo de aparición o progresión de retinopatía diabética, con controles oftalmológicos antes del embarazo, durante la gestación y en el período posparto.
Durante el embarazo, se recomienda un monitoreo glucémico intensivo en ayunas, pre y posprandial, con objetivos glucémicos estrictos. El objetivo de A1C es <6% si puede lograrse sin hipoglucemia significativa, pudiendo flexibilizarse hasta <7% en situaciones de riesgo.
La insulina es el tratamiento de elección para la diabetes tipo 1 durante el embarazo y el agente preferido para la diabetes gestacional y la diabetes tipo 2.
Los antidiabéticos orales, como metformina y gliburida, no se recomiendan como tratamiento de primera línea, y otros fármacos no insulínicos carecen de datos de seguridad suficientes. La metformina utilizada para inducción de la ovulación en síndrome de ovario poliquístico debe suspenderse al finalizar el primer trimestre.
16. Atención de la diabetes en el hospital
La ADA recomienda evaluar A1C al ingreso en personas con diabetes o hiperglucemia sin un valor reciente, e implementar protocolos estandarizados para el manejo glucémico hospitalario, idealmente con apoyo de equipos especializados.
En pacientes hospitalizados no críticos, el objetivo glucémico recomendado es 100–180 mg/dL; en críticos, 140–180 mg/dL, iniciando o intensificando insulina ante valores persistentes ≥180 mg/dL.
La insulina es el tratamiento de elección: infusión intravenosa en pacientes críticos y esquemas basal-prandial-corrección en no críticos. Las mezclas fijas no se recomiendan de rutina por mayor riesgo de hipoglucemia.
Se requieren protocolos formales de hipoglucemia, manejo estandarizado de CAD y estado hiperosmolar, y una planificación de alta estructurada que incluya educación, reconciliación terapéutica y seguimiento post-alta.
17. Defensa de la diabetes
Se subraya la importancia de defender los derechos de las personas con diabetes, buscando que vivan libres de discriminación y barreras de acceso a la atención, medicamentos, tecnología y otros recursos esenciales. Se enfoca en promover un acceso equitativo a tratamientos, dispositivos como insulina y CGM, así como educación y apoyo para la autogestión dentro de entornos como el trabajo, la escuela y la comunidad.
Además, este capítulo insta a usar estas declaraciones basadas en evidencia como herramientas para educar a legisladores, empleadores y responsables de políticas públicas, con el fin de garantizar cobertura, trato justo y oportunidades equitativas para las personas con diabetes y prediabetes.
Esto incluye el combate a discriminaciones, la promoción de la equidad en salud y la reducción de barreras estructurales que limitan el acceso a la atención y a tecnologías que mejoran resultados y calidad de vida.
Conclusiones
¿Qué cambia en los Estándares de Atención en Diabetes 2026?
- Mayor expansión del uso de tecnología (CGM/AID) desde el inicio de la diabetes.
- Ampliación de terapias e indicaciones preventivas (obesidad, contexto renal, cardíaco, cáncer).
- Más énfasis en salud conductual y calidad de vida.
- Clarificaciones en entidades especiales: pediatría, adultos mayores y hospitalizados.
ADA: actualizaciones en diabetes 2026
Fuente
American Diabetes Association Professional Practice Committee for Diabetes. Standards of Care in Diabetes 2026. Diabetes Care December 2025;49.








