Estudio que analiza la prevalencia de obesidad severa en niños y su asociación con comorbilidades cardiometabólicas en la población pediátrica
Lugones Editorial©
La obesidad severa en niños se asocia con múltiples complicaciones cardiometabólicas, incluyendo la enfermedad hepática esteatótica asociada a la disfunción metabólica (MASLD), la diabetes tipo 2 (DM2), la dislipidemia y la hipertensión. Sin embargo, existen datos limitados sobre la prevalencia de las formas más graves de obesidad en la infancia y la adolescencia y su relación con estas complicaciones.
En este contexto, Münte et al. realizaron un estudio transversal representativo a nivel nacional en 25.847 niños y adolescentes, con el objetivo de evaluar las tendencias de la obesidad pediátrica a lo largo del tiempo e investigar la asociación entre el grado de obesidad y las comorbilidades.
Los autores hallaron que la prevalencia de obesidad severa de mayor grado aumentó del 0,32% en 2008 al 1,13% en 2023, siendo más elevada en adolescentes y en niños negros no hispanos. Además, los participantes afectados presentaron un mayor riesgo de complicaciones metabólicas -incluyendo enfermedad hepática, prediabetes y diabetes, resistencia severa a la insulina y síndrome metabólico- en comparación con aquellos con obesidad leve o sin obesidad.

Los hallazgos de este estudio sugieren que se necesitan intervenciones urgentes de salud pública para abordar la obesidad pediátrica
Métodos
- Se realizó un estudio transversal utilizando datos de la encuesta NHANES, representativa a nivel nacional de la población de los Estados Unidos, correspondiente a los ciclos entre 2007 y 2023.
- Se incluyeron niños y adolescentes de 2 a 18 años, con información demográfica, clínica, antropométrica, bioquímica y, en los ciclos más recientes, estudios de elastografía hepática.
- La obesidad pediátrica se clasificó según el porcentaje del percentil 95 del IMC ajustado por edad y sexo, definiéndose cinco clases: clase 1 (≥p95 a <120%), clase 2 (≥120% a <140%), clase 3 (≥140% a <160%), clase 4 (≥160% a <180%) y clase 5 (≥180% del p95), correspondiendo las clases 4 y 5 a obesidad severa y extremadamente severa.
- La MASLD se definió mediante elastografía transitoria (CAP y rigidez hepática), excluyendo otras hepatopatías, y en presencia de esteatosis hepática asociada al menos a un criterio cardiometabólico.
- El síndrome metabólico pediátrico se diagnosticó según los criterios de de Ferranti, considerando la presencia de al menos tres alteraciones cardiometabólicas.
- La prediabetes y la diabetes se definieron por valores de HbA1c y antecedentes clínicos, y la resistencia a la insulina se evaluó mediante HOMA-IR, definiéndose resistencia severa por hiperinsulinemia marcada.
Resultados
Se analizaron 25847 niños y adolescentes (2-18 años) de NHANES 2008–2023, con distribución por sexo equilibrada y una edad mediana de 10 años. La cohorte incluyó una población racial y étnicamente diversa y contó con evaluación antropométrica, bioquímica y, en los ciclos más recientes, elastografía hepática.
Tendencias temporales de obesidad severa pediátrica
Entre 2008 y 2023, la prevalencia de obesidad pediátrica aumentó significativamente, con un incremento desproporcionado en los grados más altos.
La obesidad severa (clases 4–5) pasó del 0,32% en 2008 al 1,13% en 2023, lo que representa un aumento relativo del 253%. Este crecimiento fue lineal y sostenido, tanto en varones como en mujeres.
La prevalencia fue marcadamente mayor en adolescentes de 16-18 años (≈2% en 2020-2023) y más alta en niños negros no hispanos, quienes presentaron casi 4 veces más obesidad severa que los blancos no hispanos. En el análisis multivariado, los principales factores asociados fueron edad ≥12 años, sexo masculino, raza/etnia (negros no hispanos y mexicoamericanos) y los ciclos más recientes de NHANES.

La prevalencia de obesidad pediátrica aumentó significativamente, con un incremento desproporcionado en los grados más altos
Obesidad severa y MASLD con fibrosis avanzada
MASLD fue altamente prevalente en niños con obesidad severa: 84,6%, frente a 44,5% en obesidad leve-moderada y 2,8% en niños sin obesidad. La obesidad severa se asoció a un riesgo 6,7 veces mayor de MASLD respecto a obesidad menos grave. Asimismo, la gravedad hepática aumentó con el grado de obesidad.
Los niños con obesidad severa presentaron una prevalencia significativamente mayor de fibrosis hepática estadio ≥2 (36,5%) y ≥3 (23,1%), con un OR de 10,0 para fibrosis avanzada frente a obesidad leve–moderada. Los valores de CAP, rigidez hepática y enzimas hepáticas fueron consistentemente más elevados en este grupo.
Prediabetes, diabetes y resistencia severa a la insulina
La prediabetes o diabetes tipo 2 estuvo presente en 46,8% de los niños con obesidad severa, en comparación con 15,1% en obesidad leve-moderada y 6,0% en niños sin obesidad (OR 4,94).
Todos los niños con obesidad severa cumplieron criterios de resistencia a la insulina, y el 40,6% presentó resistencia severa, frente a menos del 8% en obesidad leve–moderada (OR 8,05). Los niveles de insulina en ayunas y HOMA-IR fueron marcadamente superiores, incluso cuando la glucemia en ayunas no difería significativamente.

Todos los niños con obesidad severa cumplieron criterios de resistencia a la insulina, y el 40,6% presentó resistencia severa
Riesgo cardiometabólico global y síndrome metabólico
La prevalencia del síndrome metabólico (SM) pediátrico fue del 53,8% en obesidad severa, comparado con 36,9% en obesidad leve–moderada y 4,4% en niños sin obesidad. La obesidad severa se asoció a casi duplicar el riesgo de SM respecto a obesidad menos grave.
Estos pacientes presentaron mayor circunferencia de cintura, HDL más bajo, presión arterial más elevada y mayor inflamación sistémica (PCR). Los triglicéridos no mostraron diferencias relevantes entre los distintos grados de obesidad.
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Diferencias por sexo y etnia
Los varones mostraron mayor prevalencia de complicaciones metabólicas que las mujeres, y los adolescentes mayor riesgo que los niños más pequeños. Los mexicoamericanos presentaron alta prevalencia de MASLD y resistencia severa a la insulina, mientras que los negros no hispanos mostraron mayor frecuencia de prediabetes/diabetes, especialmente en presencia de obesidad.
Discusión
Este estudio, basado en datos representativos de NHANES, confirma un aumento sostenido y marcado de la obesidad pediátrica severa a lo largo de los últimos 15 años y demuestra que este fenotipo se asocia con una carga desproporcionadamente alta de comorbilidades metabólicas, claramente superior a la observada en grados menores de obesidad. Estos hallazgos permiten diferenciar a la obesidad severa como una entidad clínica con implicancias propias, más allá del continuo del IMC.
El incremento observado fue particularmente relevante en adolescentes, en varones y en niños negros no hispanos, lo que amplía la evidencia previa sobre desigualdades demográficas en obesidad pediátrica y subraya la necesidad de estrategias preventivas e intervenciones dirigidas a poblaciones de mayor riesgo.
La magnitud del aumento en los grados más severos sugiere que las tendencias actuales no solo reflejan mayor prevalencia de obesidad, sino también una mayor gravedad del exceso ponderal en la infancia.
Un hallazgo central es la fuerte asociación entre obesidad severa y MASLD, incluyendo formas avanzadas con fibrosis significativa. La consistencia del vínculo a través de múltiples marcadores hepáticos refuerza el concepto de que la obesidad severa en edades tempranas acelera el daño hepático y podría condicionar un mayor riesgo de progresión a enfermedad hepática avanzada en la adultez, con impacto en morbimortalidad a largo plazo.
De manera concordante, la obesidad severa se asoció con una disfunción glucémica profunda, caracterizada por altas tasas de prediabetes o diabetes tipo 2 y una prevalencia casi universal de resistencia a la insulina, con una proporción considerable de casos severos. Estos resultados amplían observaciones previas y confirman que el deterioro metabólico en este subgrupo excede lo esperable por obesidad leve o moderada.
Asimismo, el síndrome metabólico pediátrico fue notablemente más frecuente en niños con obesidad severa, acompañado de mayor adiposidad central, hipertensión, dislipidemia aterogénica e inflamación sistémica. En conjunto, estos hallazgos destacan que la obesidad severa en la infancia constituye un estado de alto riesgo cardiometabólico temprano, que requiere un abordaje integral y precoz.

La obesidad severa en edades tempranas acelera el daño hepático y podría condicionar un mayor riesgo de progresión a enfermedad hepática avanzada en la adultez
Conclusiones
En esta cohorte representativa de niños y adolescentes estadounidenses, la prevalencia de obesidad severa aumentó de manera significativa a lo largo del tiempo, con un incremento particularmente marcado en adolescentes y en participantes negros no hispanos.
La obesidad severa se asoció con una alta carga de comorbilidades metabólicas y cardiovasculares, incluyendo MASLD, prediabetes y diabetes tipo 2, resistencia severa a la insulina y síndrome metabólico.
Estos hallazgos ponen de manifiesto que la obesidad severa en la infancia y la adolescencia constituye un fenotipo de alto riesgo cardiometabólico, claramente diferenciado de grados menores de obesidad.
La creciente prevalencia de esta condición y la gravedad de sus complicaciones subrayan la urgente necesidad de estrategias de salud pública, orientadas tanto a la prevención como a la identificación temprana y al tratamiento intensivo de los niños y adolescentes con obesidad severa, con el objetivo de reducir la carga futura de enfermedad cardiometabólica.

La creciente prevalencia de esta condición y la gravedad de sus complicaciones subrayan la urgente necesidad de estrategias de salud pública con el objetivo de reducir la carga futura de enfermedad cardiometabólica
Obesidad severa en niños
Fuente
Münte E, Zhang X, Khurana A, et al. Prevalence of extremely severe obesity and metabolic dysfunction among US children and adolescents. JAMA 2025;8(7).








