En la tarde del viernes 30 de octubre, se presentarán diversos simposios dedicados al abordaje de las comorbilidades, diabetes tipo 2, MASLD y tecnología en la nueva, en el XXV Congreso Argentino de Diabetes 2026
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Por la tarde del viernes 30 de octubre, en el Congreso Diabetes 2026, se llevarán a cabo los últimos simposios de la jornada: “Tecnología en la nueva era”, “Abordaje de las comorbilidades y la enfermedad cardiovascular en la persona con diabetes tipo 1”, “Abordaje integral de la diabetes tipo 2” y “MASLD y diabetes: un abordaje integral”.
SIMPOSIO: Tecnología en la nueva era
El Dr. Rodrigo Carnero estará a cargo de coordinar el primer simposio de la tarde del viernes 30 de octubre.
Monitoreo continuo de glucosa en diabetes tipo 2
Alejandro Dain
Durante años, indicar monitoreo continuo de glucosa (MCG) en diabetes mellitus tipo 2 (DM2) se reservó para quienes usaban insulina en esquemas intensivos. Ese criterio ya no alcanza: los Standards of Care 2026 de la American Diabetes Association ampliaron la indicación a toda persona con DM2 que recibe insulina, cualquiera sea el esquema, y también a quienes tratan su enfermedad con otros fármacos hipoglucemiantes sin lograr el control metabólico. La pregunta dejó de ser si conviene indicar MCG en DM2; hoy se discute en quiénes empezar primero y con qué modalidad.
¿Por qué y en quiénes? Un análisis de NHANES 2009-2020 encontró que apenas el 16% de las personas con DM2 en insulina basal y el 12% de quienes usan múltiples dosis diarias alcanzan su objetivo glucémico individualizado. En ese mismo grupo, un registro canadiense con más de 200.000 personas asoció el uso de MCG a mayor probabilidad de progresión terapéutica frente al automonitoreo solo.
El vacío que quedaba en quienes combinan insulina basal con terapias no insulínicas modernas empieza a llenarlo el ensayo FreeDM2: en esa población mostró una reducción de HbA1c de 0,6 puntos a los 4 meses y un aumento del tiempo en rango cercano a 2 horas y media diarias frente al automonitoreo capilar4. En personas sin insulina, la indicación todavía descansa en un cuerpo de evidencia más nuevo y más chico.
¿Cómo se usa? Conviene distinguir dos lógicas según la etapa de la enfermedad. En el diagnóstico reciente y en la DM2 estable sin insulina, un uso intermitente de una a 2 semanas, repetido cada 3 o 4 meses, alcanza para trazar el perfil glucémico, reforzar adherencia y ajustar fármacos. Con insulina basal o esquemas múltiples, el acceso continuo pasa a ser la modalidad de elección, como se evaluó en FreeDM24. En la enfermedad avanzada o en el paciente frágil, el uso continuo prioriza evitar la hipoglucemia por sobre el ajuste fino de dosis.
Los resultados de FreeDM2 se presentaron en el ATTD 2026 y todavía esperan su publicación con revisión por pares completa, salvedad que conviene mantener al citarlos. El cambio de fondo, de todos modos, es claro: el MCG en DM2 dejó de ser una excepción reservada a casos complejos y pasa a discutirse como parte del manejo de rutina, en el momento y con la modalidad que cada etapa de la enfermedad requiere.

El Dr. Alejandro Dain abrirá el simposio “Tecnología en la nueva era” con su charla sobre “Monitoreo continuo de glucosa en diabetes tipo 2”
Monitoreo continuo de glucosa en prediabetes 2 y personas sin diabetes
Arturo López Rivera
La identificación de la disglucemia mediante mediciones glucémicas puntuales -glucemia en ayunas, glucemia post-PTOG o HbA1c- ha definido el paradigma diagnóstico de los estados intermedios del metabolismo glucídico. La categoría de “prediabetes”, que agrupa entidades fisiopatológicamente heterogéneas, constituye una síntesis imprecisa que puede inducir en el paciente una percepción errónea de relativa normalidad metabólica, retrasando intervenciones terapéuticas oportunas.
Metwally et al. demostraron que la morfología de la curva glucémica durante una PTOG domiciliaria medida con monitoreo continuo de glucosa (MCG) permite identificar, mediante machine learning, subfenotipos metabólicos diferenciados en individuos sin DM o con prediabetes: resistencia insulínica muscular o hepática (34%; AUC 0,88–0,95) y disfunción de célula beta con déficit de acción incretínica (40%; AUC 0,84). Estos subfenotipos no se correlacionan con HbA1c, HOMA-IR, HOMA-B ni polygenic risk score, evidenciando que la información dinámica del MCG supera a las mediciones estáticas en la caracterización del fenotipo fisiopatológico individual.
El MCG ofrece, además, una dimensión terapéutica a través de la retroalimentación biológica en tiempo real. Richardson et al., en un metaanálisis de 25 ensayos clínicos aleatorizados (n=2.996, incluyendo poblaciones con obesidad sin diabetes), demostraron que el MCG como intervención conductual reduce la HbA1c en 0,28% (IC 95%: 0,15–0,42; p<0,001) e incrementa el tiempo en rango en 7,4% (IC 95%: 2,0–12,8; p=0,008). La visibilización en tiempo real del impacto de la alimentación, la actividad física y otros determinantes conductuales sobre la glucemia constituye un mecanismo de modificación del comportamiento de alta eficacia, particularmente al integrarse con el seguimiento longitudinal de hábitos relacionados con la salud.
Desde una perspectiva de salud pública de precisión, el MCG trasciende su rol diagnóstico para constituirse en una herramienta de caracterización metabólica funcional. La individualización basada en el “glucotipo” del paciente -perfil glucémico dinámico que define su respuesta metabólica individual- permite orientar intervenciones preventivas personalizadas antes del establecimiento de hiperglucemia franca, con potencial de aplicación tanto en la prevención de la DM2 como en la optimización del rendimiento metabólico y deportivo en poblaciones sin enfermedad.
Monitoreo continuo de glucosa en internación (general/críticos)
Javier Remón
Evaluar la evidencia científica publicada entre 2020 y 2026 respecto de la eficacia clínica, la precisión analítica, la reducción de la carga asistencial en enfermería y la rentabilidad económica de del monitoreo continuo de glucosa (MCG) en pacientes adultos hospitalizados tanto en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) como en salas generales.
Los metaanálisis y revisiones sistemáticas consolidados demuestran una superioridad del MCG frente al monitoreo capilar de punto de atención (POC). En salas no críticas, la MCG incrementa de forma significativa el Tiempo en Rango (TIR 70–180 mg/dL), logrando reducciones paralelas en la hiperglucemia (>180 mg/dL) y en el tiempo en hipoglucemia (<70 mg/dL). En UCI, la MCG disminuye la incidencia de eventos hipoglucémicos y se asocia a una menor mortalidad intrahospitalaria. Analíticamente, los biosensores subcutáneos demuestran una resiliencia notable en estados de vasoconstricción periférica por inotrópicos, shock séptico, postoperatorio cardiovascular y cetoacidosis diabética, conservando una Diferencia Relativa Absoluta Media (MARD) de 11% a 13% y más del 98% de pares glucémicos en las zonas A+B de Clarke y Parkes.
Sin embargo, se enfatiza la alerta sobre la interferencia electroquímica espuria inducida por la hidroxiurea (MARD hasta 91%), requiriendo controles POC de confirmación. Operativamente, la transición telemática reduce el tiempo de enfermería por medición de 5 minutos a 3 segundos, aplacando el Miedo a la Hipoglucemia. En términos fármaco-económicos, el sistema genera disminución de costos por prevención de complicaciones).
En conclusión, el MCG redefine la seguridad metabólica hospitalaria. Las directrices ADA 2024–2026 legitiman el modelo híbrido, la preservación de tecnología al ingreso y los esquemas estandarizados de alta estructurados.

El Dr. Javier Remón disertaría sobre “Monitoreo continuo de glucosa en internación”
Monitoreo continuo de glucosa en ejercicios de competencia
Daniela Rodríguez
Realizar ejercicio es uno de los pilares del tratamiento de la diabetes mellitus tanto tipo 1 como tipo 2 (DM1/DM2), pero la barrera más importante para realizarlo es el miedo a la hipoglucemia.
Desde hace varios años existen los monitoreos continuos de glucosa (MCG), pero recién en el año 2020 se redactó un consenso sobre MCG y ejercicio donde se pusieron en juego variables para clasificar con qué glucosa es seguro empezar a realizar ejercicio, como la experiencia en el mismo, percepción de las hipoglucemias, hipoglucemias severas en los últimos 6 meses y tiempo por debajo del rango; de esta forma se pueden dar indicaciones más personalizadas.
Sumado a esto, se tiene en cuenta si el ejercicio suele tender a bajar o subir la glucemia, y no solo tiene en cuenta antes y durante la realización de ejercicio, sino que también nos da opciones de alertas posejercicio y nocturnas, otra vez teniendo en cuenta el riesgo personal de tener hipoglucemia.
Si bien los beneficios son múltiples, sabemos que el ejercicio aumenta el MARD y la mayor diferencia no está dada por los diferentes tipos de ejercicio, sino entre el reposo y el ejercicio; por eso, en determinados momentos hay que cotejar con glucemia capilar para poder tomar decisiones en todo momento, pero sobre todo en medio de una competencia.
En los últimos años, tanto las alarmas de glucosa alta como baja permiten que las personas estén más pendientes; también que la predicción de glucosa baja ante de que esta aparezca, esto aporta seguridad y no ha demostrado aumentar la carga en el tratamiento de la diabetes.
Si bien el uso del MCG es seguro, hay en varias situaciones deportivas en las cuales se debe tener un cuidado diferente como, por ejemplo, deportes de alta montaña, deportes acuáticos, incluso por momentos deportes de contacto aplicar protecciones especiales.
Un momento que el MCG toma vital importancia es luego de realizar deporte para evitar las hipoglucemias, reponer de forma adecuada carbohidratos que es fundamental en competencia. Los avances tecnológicos para monitorear la glucosa (MCG) y el ejercicio físico (p. ej., medidores de potencia y monitores de frecuencia cardíaca) permiten obtener mediciones fácilmente disponibles de factores relacionados con el control glúcemico y el comportamiento durante el ejercicio, independiente del contexto y el entorno del entrenamiento o la competición.

“Monitoreo continuo de glucosa en ejercicios de competencia” será la última charla de este simposio presentada por la Dra. Daniela Rodríguez
SIMPOSIO: Abordaje de las comorbilidades y la enfermedad cardiovascular en la persona con diabetes tipo 1
Con la coordinación del Dr. León Litwak, diversos especialistas expondrán acerca del abordaje de las comorbilidades y la enfermedad cardiovascular en diabetes tipo 1.
Detección temprana y prevención cardiovascular
Miriam Tonietti
La incidencia global de diabetes mellitus tipo 1 (DM1) sigue en aumento a nivel mundial, especialmente en niños menores de 5 años, lo que se traduce en un mayor tiempo de exposición a lo largo de la vida y consiguiente riesgo de morbimortalidad temprana por enfermedad cardiovascular.
La enfermedad CV es la causa principal de mortalidad en DM1. Aunque las manifestaciones clínicas de ECV son raras antes de la adultez, su incidencia representa el resultado final de décadas de procesos patológicos subclínicos que derivan en gran parte de comportamientos en el estilo de vida y factores de riesgo potencialmente modificables.
La adolescencia es un período particularmente crítico para el desarrollo de manifestaciones subclínicas tempranas de enfermedad cardiovascular. La edad de comienzo de la enfermedad es un factor de riesgo no modificable, con mayor pérdida de la expectativa de vida cuando el comienzo de la enfermedad es antes de los 10 años. También el sexo, con mayor impacto en las mujeres.
Aunque el control glucémico subóptimo juega un rol principal en este riesgo elevado, la exposición temprana y sostenida a factores de riesgo tradicionales como el sobrepeso, la tensión arterial, la dislipidemia, la microalbuminuria, la inactividad, la pobre calidad de la dieta y el tabaco (entre otros) aceleran el proceso aterosclerótico y contribuyen al riesgo futuro.
Además, la pesquisa de factores de riesgo CV es subóptima y las intervenciones farmacológicas, tardías y escasas. En este sentido, es clara la necesidad en jóvenes de mejorar las estrategias de screening de FR cardiovascular y de tratarlos intensivamente. Hay evidencia que la elevación de las tasas de microalbuminuria (aún en rango normal) podrían identificar al grupo de adolescentes con DM1 con mayor riesgo de complicaciones y que el tratamiento farmacológico temprano en este grupo puede resultar en reducción del riesgo.
Estos datos subrayan la importancia de entender la enfermedad cardiovascular en DM1 como un proceso progresivo que comienza en la infancia y que para reducir la morbimortalidad es necesario extremar los esfuerzos de detección e intervención temprana.

La Dra. Miriam Tonietti expondrá sobre “Detección temprana y prevención cardiovascular”
Obesidad y síndrome metabólico: de la doble diabetes al riesgo aterosclerótico
Natalia Nardelli
La obesidad es cada vez más frecuente en las personas con diabetes mellitus tipo 1 (DM1) y desafía el paradigma de una enfermedad definida exclusivamente por insulinopenia. El término “diabetes doble” describe la coexistencia de DM1 autoinmune con insulinorresistencia y rasgos de la DM2, como adiposidad central, hipertensión, hipertrigliceridemia y colesterol HDL bajo. Aunque no existe una definición universal, este fenotipo se asocia con mayor riesgo de complicaciones cardiovasculares independientemente del control glucémico.
Su fisiopatología es multifactorial. La predisposición genética, el ambiente obesogénico, la adiposidad visceral y los factores terapéuticos interactúan. La insulinorresistencia aumenta los requerimientos de insulina; a su vez, la intensificación terapéutica y las ingestas para prevenir o corregir hipoglucemias pueden favorecer el incremento ponderal y perpetuar este círculo. La insulinorresistencia favorece además una dislipemia aterogénica, con hipertrigliceridemia, colesterol HDL bajo, aumento de remanentes y predominio de LDL pequeñas y densas. Este perfil, sumado a la inflamación de bajo grado y la disfunción endotelial, acelera el desarrollo de aterosclerosis aun cuando el colesterol LDL no esté marcadamente elevado.
El riesgo aterosclerótico de la DM1 no puede interpretarse únicamente a partir de la hemoglobina glicosilada. La variabilidad glucémica, el aumento de peso, la insulinorresistencia y las alteraciones del glucagón, la amilina y las incretinas contribuyen al riesgo cardiometabólico residual. Además, la administración subcutánea de insulina genera una distribución no fisiológica, con hipoinsulinemia hepática relativa e hiperinsulinemia periférica, que puede alterar el eje hormona de crecimiento/IGF-1, aumentar los ácidos grasos libres y favorecer disfunción endotelial, rigidez arterial y calcificación coronaria. La insulina continúa siendo indispensable, pero no modifica por sí sola todos estos mecanismos.
El abordaje debe combinar optimización de la insulinoterapia, alimentación, actividad física y tratamiento de los factores de riesgo con estrategias dirigidos a la obesidad. Un consenso reciente propone considerar agonistas del receptor GLP-1 y agonistas duales GLP-1/GIP en adultos con DM1 y sobrepeso u obesidad, acompañados de titulación prudente de insulina, monitoreo continuo de glucosa, vigilancia de cetonas y educación estructurada. En una cohorte apareada de 4.088 personas por grupo, estas terapias se asociaron con menores riesgos de mortalidad, insuficiencia cardíaca y eventos cardiovasculares, sin aumento de cetoacidosis; por tratarse de evidencia observacional, los resultados requieren confirmación en ensayos aleatorizados. Reconocer la doble diabetes implica superar el enfoque glucocéntrico y avanzar hacia una prevención cardiometabólica integral y personalizada.

“Obesidad y síndrome metabólico: de la doble diabetes al riesgo aterosclerótico” será la presentación de la Dra. Natalia Nardelli
Dislipemia: cómo y cuándo tratar
Eduardo Osvaldo Esteban
La enfermedad cardiovascular constituye la principal causa de morbimortalidad en las personas con diabetes mellitus tipo 1 (DM1). Aunque el control glucémico continúa siendo un pilar fundamental, la evidencia acumulada demuestra que la reducción intensiva del colesterol asociado a lipoproteínas de baja densidad (LDL-C) disminuye significativamente el riesgo cardiovascular, incluso en ausencia de enfermedad cardiovascular establecida.
El manejo de las dislipidemias en la DM1 debe basarse en una adecuada estratificación del riesgo cardiovascular, considerando la edad, el tiempo de evolución de la enfermedad, la presencia de complicaciones microvasculares, enfermedad renal crónica y otros factores de riesgo asociados. Las guías internacionales actuales recomiendan iniciar tratamiento hipolipemiante en la mayoría de los adultos con DM1 que presenten riesgo moderado, alto o muy alto, con objetivos terapéuticos cada vez más exigentes.
Las estatinas continúan siendo el tratamiento de primera línea por su sólida evidencia en reducción de eventos cardiovasculares. Cuando no se alcanzan las metas de LDL-C, se recomienda la combinación con ezetimibe y, en pacientes seleccionados de muy alto riesgo, con inhibidores de PCSK9 o inclisiran. El abordaje debe complementarse con intervenciones intensivas sobre el estilo de vida, incluyendo alimentación saludable, actividad física regular, control del peso, suspensión del tabaquismo y optimización del control glucémico.
Esta disertación revisará la evidencia científica más reciente, las recomendaciones de las guías internacionales ACC/AHA y ESC/EAS, los objetivos actuales de tratamiento y un algoritmo práctico para decidir cuándo iniciar el tratamiento, qué objetivos perseguir y cuáles son las mejores estrategias terapéuticas disponibles en pacientes con DM1.

El simposio “Abordaje de las comorbilidades y la enfermedad cardiovascular en la persona con diabetes tipo 1” contará con la coordinación del Dr. León Litwak
Nefropatía y albuminuria: la entrada al riesgo cardiovascular. Uso de RASS y fármacos nefroprotectores
Florencia Aranguren
La enfermedad renal crónica (ERC) en la diabetes mellitus tipo 1 (DM1) debe interpretarse como parte del continuo cardiorrenal y no solo como una complicación microvascular. Su detección se basa en la relación albúmina/creatinina urinaria (RAC) y la tasa de filtrado glomerular estimada (TFGe), con rastreo desde los 5 años del diagnóstico y confirmación de todo resultado anormal.
La presentación es heterogénea: la TFGe puede disminuir antes de la albuminuria; sin embargo, en estudio FinnDiane la enfermedad renal no albuminúrica representó solo el 2%, mientras que la combinación de albuminuria y TFGe <60 ml/min/1,73 m² identificó el mayor riesgo cardiovascular y de mortalidad. La regresión de la albuminuria se asoció con menor riesgo renal y cardiovascular. No obstante, el 63% de las personas con DM1 y ERC no alcanzaba simultáneamente las metas de presión arterial, colesterol y HbA1c.
La albuminuria es considerada actualmente un marcador de daño renal, un factor de riesgo vascular y un objetivo terapéutico. El bloqueo del sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA) continúa siendo parte del tratamiento fundacional. En la ERC, ante hipertensión o RAC ≥30 mg/g debe indicarse un IECA o un ARA II, titulado hasta la máxima dosis tolerada, con control de presión arterial, creatinina y potasio a las 2-4 semanas.
Más allá del SRAA, la evidencia nefroprotectora en DM1 se amplía, aunque no es uniforme. En datos de vida real, los inhibidores de SGLT2 se asociaron con preservación de la TFGe y menos insuficiencia cardíaca, ERC y hospitalizaciones que los agonistas GLP-1, pero con más cetoacidosis diabética e infecciones urinarias, lo que exige selección cuidadosa, educación y monitorización de glucosa y cetonas.
Diferentes estudios recientes van reconociendo los beneficios en control metabólico, peso y factores de riesgo CV de los ARGLP1 en DM1, y algunos resultados indirectos en reducción del riesgo de MACE y de enfermedad renal avanzada. En FINE-ONE, ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, 242 personas con DM1, ERC, RAC de 200–5000 mg/g y tratamiento con inhibidores del SRAA recibieron finerenona durante seis meses; la RAC se redujo 25% frente a placebo. En conjunto, el objetivo terapéutico integra tres metas: disminuir el riesgo cardiovascular, reducir la albuminuria y enlentecer la caída del filtrado glomerular.

La Dra. Florencia Aranguren cerrará este simposio con su charla sobre “Nefropatía y albuminuria: la entrada al riesgo cardiovascular. Uso de RASS y fármacos nefroprotectores”
SIMPOSIO: Abordaje integral de la diabetes tipo 2
El Dr. Isaac Sinay será el encargado de coordinar el simposio dedicado al “Abordaje integral de la diabetes tipo 2”.
Intervención nutricional
Estrella Menéndez
El tratamiento médico nutricional es muy efectivo y beneficioso para personas con diabetes mellitus tipo 2 (DM2). Está asociado a un descenso hasta del 2% de hbA1c. Los objetivos de este tratamiento son: descender a y mantener un peso saludable, lograr metas glucémicas y de lípidos previamente consensuadas, y prevenir o enlentecer las complicaciones crónicas cardiorrenales
Es importante evitar el énfasis en macronutrientes (hidratos, proteínas y grasas) y focalizar la educación nutricional en alimentos y en patrones nutricionales. Por ejemplo, los hidratos pueden ser muy saludables y recomendados cuando hablamos de verduras, frutas, legumbres y granos integrales, y ser muy desaconsejados si hablamos de azúcares, granos refinados y sus harinas.
Los patrones nutricionales surgen de la idea de que un solo estilo alimenticio no les va bien a todos, por lo tanto, la alimentación basada en plantas, el patrón Mediterráneo, el DASH, el bajo en grasas y el bajo en hidratos modificado son adecuados según los gustos y costumbres de cada individuo. Dentro del consejo nutricional también debemos tener en cuenta las diferentes comorbilidades que presenta el paciente como dislipemia, hipertensión, enfermedad cardiovascular o enfermedad renal, a los efectos de prevenir la aparición o controlar la enfermedad asociada.
Es aconsejable realizar un plan de comidas y asesoramiento sobre la lista de compras y las recetas culinarias. También ofrecer una guía sobre la forma de realizar las mismas.
Debe considerarse el tipo de ejercicio que el paciente realiza (caminatas, carreras, ejercicio de fuerza), la duración y la intensidad del mismo a fin de orientarlo mejor en su alimentación basal y la suplementación de ser necesaria. El aporte de proteínas variara entre 0,8 a 1,5 g/kg peso ideal según varias características que presente el paciente especialmente el tipo de ejercicio que realice y presencia o no de complicaciones cardiorrenales. Cada vez hay más evidencia que sugiere que una mayor ingesta de proteínas vegetales y la sustitución de proteínas animales por proteínas vegetales se asocian con un menor riesgo de mortalidad por todas las causas y cardiovascular.
En momentos donde muchos pacientes utilizan análogos de GLP1 como tratamiento de su obesidad/DM2 es muy importante el asesoramiento nutricional para evitar los efectos adversos gastrointestinales de estas drogas, para potenciar sus beneficios glucémicos y de perdida de grasa especialmente visceral y para minimizar la depleción de masa muscular.

En el simposio “Abordaje integral de la diabetes tipo 2”, la Dra. Estrella Menéndez hablará sobre “Intervención nutricional”
El ejercicio como terapia no farmacológica
Martín Rodríguez
La diabetes mellitus tipo 2 (DM2) es una enfermedad metabólica, cardiovascular, muscular e inflamatoria, por lo que el ejercicio debe considerarse una intervención terapéutica central y no solo una recomendación complementaria. Durante la contracción muscular, se activa una vía de captación de glucosa parcialmente independiente de la insulina, mediada por la translocación de GLUT-4, activación de AMPK, señalización por calcio, participación de AS160/TBC1D4, proteínas Rab, RAC1 y aumento del flujo sanguíneo microvascular.
La interacción entre la insulina y el ejercicio permite comprender cómo el músculo esquelético capta la glucosa durante la actividad física y cómo, luego del esfuerzo, aumenta su sensibilidad a la insulina para reponer glucógeno. Estos mecanismos mejoran la utilización de glucosa y de ácidos grasos, reducen la lipotoxicidad y favorecen las adaptaciones mitocondriales.
El músculo esquelético debe entenderse, además, como un órgano endocrino. A través de mioquinas y exerquinas, el ejercicio induce comunicación con el tejido adiposo, el hígado, el sistema cardiovascular, el hueso y el cerebro. La IL-6 liberada por el miocito durante el ejercicio no reproduce necesariamente el perfil inflamatorio de la IL-6 derivada de macrófagos; por el contrario, participa en respuestas antiinflamatorias, estimula IL-1ra e IL-10 y contribuye al metabolismo energético. Esta visión ayuda a explicar por qué el entrenamiento regular reduce la inflamación crónica de bajo grado, la grasa visceral, el estrés oxidativo y el riesgo cardiometabólico.
La evidencia clínica muestra que el ejercicio mejora la HbA1c, la presión arterial, la composición corporal, el perfil lipídico, la capacidad funcional y la calidad de vida. El fitness cardiorrespiratorio es un potente predictor pronóstico y debería considerarse un verdadero signo vital. Sin embargo, la implementación continúa siendo un desafío. En un estudio multicéntrico argentino en adultos con DM2, el 52,3% presentó bajo nivel de actividad física; las principales barreras fueron falta de voluntad, falta de energía y falta de tiempo, y el bajo nivel de actividad se asoció con mayor edad, HbA1c, IMC, sexo femenino y falta de apoyo social.
Por ello, la prescripción debe ser individualizada, progresiva y realista: reducir sedentarismo, interrumpir períodos prolongados sentado, promover actividad cotidiana, indicar al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado y agregar fuerza dos a tres veces por semana. El ejercicio es una poli píldora biológica, accesible y potente para la DM2.

“El ejercicio como terapia no farmacológica” será el tema de disertación del Dr. Martín Rodríguez
Tratamiento farmacológico en la diabetes tipo 2
Alejandra Cicchitti
El tratamiento farmacológico de la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) ha experimentado un cambio de paradigma que trasciende el objetivo histórico del control glucémico aislado.
El enfoque ha evolucionado desde una visión centrada estrictamente en el control glucémico hacia un nuevo paradigma basado en la protección cardiovascular, renal y el manejo integral del riesgo. Este cambio reconoce que la DM2 es un desafío sistémico que exige intervenciones tempranas para reducir la morbimortalidad.
La metformina se mantiene como el pilar de primera línea en la mayoría de los pacientes, dada su eficacia, perfil de seguridad, bajo costo y perfil neutro sobre el peso, siempre que no existan contraindicaciones. No obstante, el algoritmo actual jerarquiza la selección farmacológica basándose en la presencia de comorbilidades específicas, independientemente de los niveles de HbA1c iniciales.
Para pacientes con enfermedad cardiovascular ateroesclerótica (ECVA) o alto riesgo CV, los agonistas del receptor de GLP-1 (arGLP-1) son de elección temprana por su demostrada capacidad para reducir eventos cardíacos mayores (MACE). Por su parte, en individuos con insuficiencia cardíaca (IC) -independientemente de la fracción de eyección- o enfermedad renal crónica (ERC), los inhibidores de SGLT-2 (iSGLT-2) se posicionan como terapia central por efecto nefroprotector e impacto en la reducción de hospitalizaciones por IC. Ambas familias son, además, herramientas valiosas en el manejo de la obesidad, favoreciendo el descenso ponderal, un pilar crítico para el control de la enfermedad.
Los inhibidores de la DPP-4 (iDPP-4) ofrecen una alternativa segura y con excelente tolerancia, siendo neutros respecto al peso y con muy bajo riesgo de hipoglucemia, lo que los hace ideales para la terapia combinada o en pacientes donde la metformina no es tolerada.
Respecto de las sulfonilureas (SU), las guías recomiendan priorizar las de última generación (gliclazida, glimepirida) para minimizar el riesgo de hipoglucemia, manteniéndolas como una opción accesible y potente para el control glucémico.
Las tiazolidinedionas (pioglitazona) conservan un rol en pacientes seleccionados, como aquellos con esteatosis hepática o antecedentes de accidente cerebrovascular, aunque su uso requiere precaución en presencia de IC.
Un concepto emergente y de creciente relevancia clínica es el de fenotipo de diabetes, que propone subclasificar a los pacientes según predominio de insulinorresistencia, déficit de célula beta, obesidad o componente hereditario, orientando así la selección farmacológica más allá del algoritmo lineal clásico. Este enfoque de individualización -que integra comorbilidades, riesgo de hipoglucemia, función renal y fenotipo metabólico- constituye el eje central de la toma de decisiones terapéuticas actuales.

La Dra. Alejandra Cicchitti expondrá sobre “Tratamiento farmacológico en la diabetes tipo 2”
¿Cuándo es el momento de iniciar insulinoterapia en diabetes tipo 2?
Jimena Soutelo
La insulinoterapia en personas con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) está indicada en distintas situaciones clínicas. Puede utilizarse para alcanzar y mantener los objetivos glucémicos cuando la progresión de la enfermedad supera la eficacia de las modificaciones del estilo de vida y de los fármacos antihiperglucemiantes. Asimismo, constituye una alternativa terapéutica en pacientes con enfermedad renal crónica avanzada, insuficiencia hepática o insuficiencia cardíaca.
También se recomienda como tratamiento inicial en presencia de descompensación metabólica, definida por HbA1c ≥10%, glucemia ≥300 mg/dL o síntomas catabólicos (pérdida de peso involuntaria), polidipsia y poliuria. En determinadas circunstancias, como internación, cirugía, enfermedad aguda, tratamiento con glucocorticoides en dosis elevadas o embarazo, puede indicarse de manera transitoria.
Se recomienda iniciar el tratamiento con insulina basal (IB), ya sea NPH o análogos de acción prolongada. En pacientes que reciben sulfonilureas o meglitinidas, se aconseja suspender estos fármacos al iniciar la insulinoterapia, mientras que no se recomienda la asociación con tiazolidinedionas debido al mayor riesgo de retención hídrica y aumento de peso.
La dosis inicial de IB puede individualizarse según el grado de descontrol glucémico. En general, se recomienda comenzar con 10 UI/día o 0,1-0,2 UI/kg/día. En pacientes con HbA1c >8%, puede considerarse una dosis inicial de 0,2-0,3 UI/kg/día.
La titulación debe realizarse cada 3 a 5 días con el objetivo de alcanzar glucemias en ayunas entre 80 y 130 mg/dL. Si luego de 3 a 5 controles consecutivos la glucemia en ayunas es >130 mg/dL y no se registran hipoglucemias, la dosis debe incrementarse en 2 UI; si los valores son >180 mg/dL, el aumento puede ser de 4 UI. Ante glucemias <70 mg/dL o episodios de hipoglucemia, se recomienda reducir la dosis en 4 UI.
Si luego de aproximadamente 3 meses de tratamiento con IB no se alcanza la meta de HbA1c, debe evaluarse la presencia de hiperglucemia posprandial mediante automonitoreo glucémico. En estos casos, puede añadirse insulina prandial, iniciando con 2-4 UI (o el 10% de la dosis basal) antes de la comida asociada a valores posprandiales >180 mg/dL, con ajustes de 1-2 UI cada 3-5 días.
Debe evitarse la sobrebasalización, definida como dosis de IB >0,5 UI/kg/día o >60 UI/día.
La IB también puede combinarse con agonistas del receptor de GLP-1 para optimizar el control metabólico, minimizar aumento de peso y riesgo de hipoglucemias.

“¿Cuándo es el momento de iniciar insulinoterapia en diabetes tipo 2?” que responderá en su presentación la Dra. Jimena Soutelo
SIMPOSIO: MASLD y diabetes: un abordaje integral
El último simposio de la jornada del viernes 30 de octubre estará a cargo del Dr. Sergio Rueda y tratará sobre “MASLD y diabetes”.
Panorama global y actual en la Argentina
Adriana Álvarez
Se define MASLD como la esteatosis hepática (>5%) asociada a uno o más de cinco factores de riesgo cardiometabólico, incluyendo sobrepeso/obesidad, hiperglucemia/diabetes, hipertensión y dislipemia. Un consumo moderado de alcohol diario en pacientes con MASLD (20-50 g en la mujer y 30-60) los incluye en la categoría de MetALD.
En la actualidad la prevalencia de MASLD en población general se haya en un 38% a nivel mundial, pero esta se duplica en pacientes con diabetes mellitus (DM).
En Latinoamérica, Younossi et al., en 2023, hallaron una prevalencia de MASLD del 44,4% (metaanálisis de tres estudios, n=5.875 pacientes) siendo una de las zonas con mayor prevalencia del mundo.
Previamente, Cusi et al., en 2021, publicaron una prevalencia del 70% de MASLD en pacientes con DM2. Recientemente, en la Argentina publicamos un trabajo sobre prevalencia de MASLD en pacientes adultos con DM2, estudio multicéntrico de corte transversal, donde se incluyeron 579 pacientes (mediana de edad: 60 años; 67% obesos) y hallamos una prevalencia del 81,2%.
En la actualidad, MASLD es la causa más común de enfermedad hepática crónica y su prevalencia ha aumentado más de un 50% en las últimas tres décadas. Los datos epidemiológicos indican que 12-40% de los pacientes con MASLD desarrollan esteato-hepatitis metabólica (MASH) entre 8 a 13 años, y aproximadamente un 15% presentará fibrosis con progresión a cirrosis, requiriendo a futuro un trasplante hepático.
MASLD es una comorbilidad con alta prevalencia en DM que genera aumento de la morbimortalidad de causa cardiorrenal y hepática. Si bien la fisiopatogenia es multicausal, la influencia de los factores genéticos podrían explicar la alta prevalencia de la misma en población latinoamericana.
El polimorfismo del gen PNPLA3, que codifica la variante I148M, se ha visto fuertemente asociada con MASLD, fibrosis hepática, cirrosis por MASH y hepatocarcinoma, especialmente en pacientes con DM y obesidad.
En resumen, es muy importante detectar precozmente la presencia de MASLD en pacientes con DM y obesidad, con el objetivo de tratarlos adecuadamente y evitar la progresión de la enfermedad hepática y reducir la mortalidad de causa cardiovascular con tratamientos personalizados, según estratificación del riesgo.

En el simposio “MASLD y diabetes: un abordaje integral”, la Dra. Adriana Álvarez expondrá sobre “Panorama global y actual en la Argentina”
Del hígado graso a la esteatohepatitis indicación para la práctica diabetológica (la mirada del diabetólogo)
Atilio Castillo (Paraguay)
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) y la esteatohepatitis metabólica (MASH) representan una creciente epidemia, con una prevalencia global del 34‑38%. Afectan hasta al 6070% de los individuos con obesidad o diabetes mellitus tipo 2 (DM2), y entre el 20‑40% de estos pacientes de alto riesgo presenta fibrosis significativa.
La emergente evidencia confirma que el estadio de fibrosis es el predictor independiente más sólido de mortalidad hepática y por todas las causas, exigiendo un enfoque centrado en la fibrosis en lugar de depender de la esteatohepatitis aislada. Para el diabetólogo, este cambio de paradigma obliga a realizar una estratificación sistemática del riesgo mediante pruebas no invasivas (NIT) accesibles.
El índice Fibrosis‑4 (FIB‑4) se respalda como la evaluación de primera línea por su alto valor predictivo negativo, seguido de la elastografía transitoria controlada por vibración (VCTE) o la prueba Enhanced Liver Fibrosis(ELF) como modalidades confirmatorias de segunda línea.
Los umbrales de consenso definen VCTE <8 kPa y ELF <9,2 como de bajo riesgo, mientras que VCTE ≥20 kPa y ELF >11,3 sugieren cirrosis probable. En pacientes con DM2 complicada, el rendimiento diagnóstico del FIB‑4 puede estar reducido, lo que justifica el uso de VCTE o ELF como prueba inicial.
La optimización del estilo de vida sigue siendo el pilar fundamental del manejo, logrando una reducción de peso sostenida ≥10% que se asocia con mejoras histológicas significativas. Sin embargo, el diabetólogo debe abordar el alto riesgo de obesidad sarcopénica; las estrategias agresivas de pérdida de peso pueden provocar una pérdida considerable de masa muscular magra. Por ello, es esencial un apoyo nutricional estructurado con una ingesta proteica adecuada (>1,0 g/kg/día, hasta 1,5 g/kg/día durante la pérdida activa) y ejercicio combinado aeróbico y de resistencia para preservar la masa muscular y la capacidad funcional.
El algoritmo integrado y basado en NIT permite al diabetólogo identificar de forma proactiva a los pacientes de alto riesgo, implementar intervenciones de estilo de vida dirigidas y disminuir tanto las complicaciones hepáticas y extrahepáticas.

“Del hígado graso a la esteatohepatitis indicación para la práctica diabetológica (la mirada del diabetólogo)”, será la disertación del Dr. Atilio Castillo (Paraguay)
Estrategias de tratamiento en personas con diabetes
Susana Fuentes
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) afecta a más del 80% de los pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) en la Argentina, lo que exige un abordaje clínico integral para prevenir la progresión a cirrosis. La piedra angular del tratamiento sigue siendo la modificación intensiva del estilo de vida; alcanzar una pérdida de peso del 5% al 10% disminuye eficazmente la esteatosis, mientras que una reducción superior al 10% logra la regresión de la fibrosis y la resolución de la esteatohepatitis (MASH).
La farmacoterapia hepática específica está indicada en pacientes con MASH y fibrosis clínicamente significativa (F2). En individuos con DM2, se prioriza firmemente el uso de agonistas del receptor de GLP-1 (como la semaglutida), dado que han demostrado resolver la esteatohepatitis, mejorar la fibrosis y reducir significativamente los eventos cardiovasculares.
Por su parte, el resmetirom (un agonista selectivo THR-) ha sido aprobado para pacientes con MASH no cirrótico y fibrosis F2-F3, constituyendo la opción preferida si el paciente ya se encuentra recibiendo un ARGLP-1 por su DM u obesidad subyacente. Adicionalmente, los inhibidores de SGLT2 continúan siendo coadyuvantes esenciales para el control glucémico y la protección cardio-renal de estos pacientes.

La última charla de este simposio estará a cargo de la Dra. Susana Fuentes quien expondrá sobre “Estrategias de tratamiento en personas con diabetes”








