Revisión que explora la relación entre la piel y el sistema nervioso, destacando el valor de las manifestaciones cutáneas como posibles indicadores de enfermedades neurológicas subyacentes, lo que permite un diagnóstico precoz y un mejor pronóstico
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La piel y el sistema nervioso están estrechamente conectados. Las manifestaciones cutáneas pueden ser, en algunos casos, el primer signo de enfermedades neurológicas subyacentes, lo que resalta el valor de reconocer signos en la piel para un diagnóstico precoz y una adecuada evaluación del pronóstico. En este contexto, comprender la relación entre la piel y las enfermedades neurológicas resulta clave en la práctica clínica.

Las manifestaciones cutáneas pueden ser, en algunos casos, el primer signo de enfermedades neurológicas subyacentes
Introducción
Existen numerosas enfermedades que involucran simultáneamente al sistema nervioso y a la piel, en las que el abordaje interdisciplinario entre dermatólogos y neurólogos resulta fundamental.
Desde el punto de vista embriológico, la cresta neural da origen a los melanocitos y comparte un origen común con estructuras del sistema nervioso central. Además, los dermatomas cutáneos transmiten información sensorial a través de distintas fibras nerviosas, mientras que funciones como la sudoración, el tono vascular y la piloerección están reguladas por el sistema nervioso autónomo.
En conjunto, múltiples trastornos neurológicos, tanto centrales como periféricos, pueden presentar manifestaciones cutáneas clínicamente relevantes.
Enfermedades con manifestaciones neurocutáneas en la práctica clínica
Los trastornos observados con mayor frecuencia en la práctica ambulatoria pueden diagnosticarse a partir de sus características clínicas y mediante métodos complementarios. A continuación, se presenta un resumen de cada uno.
Herpes zóster
Los signos clínicos del herpes zóster incluyen dolor ardiente, morfología característica y distribución típica. Se utilizan diversas pruebas para el virus varicela-zóster, incluida la detección de anticuerpos IgM específicos en sangre y la observación de células gigantes multinucleadas en el frotis de Tzanck del contenido vesicular. Otros métodos incluyen la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) del fluido vesicular y la detección directa de anticuerpos fluorescentes.

Los signos clínicos del herpes zóster incluyen dolor ardiente, morfología característica y distribución típica
Leptospirosis
Las manifestaciones cutáneas en la leptospirosis son en gran medida consecuencia de vasculitis, donde la inflamación de pequeños vasos provoca hemorragias cutáneas y petequias. El diagnóstico puede incluir múltiples pruebas, siendo la prueba de aglutinación microscópica el método principal. Además, se realizan estudios de laboratorio como función renal y hepática, hemograma completo y pruebas de coagulación.
El líquido cefalorraquídeo puede analizarse, especialmente ante sospecha de meningitis aséptica. También pueden solicitarse radiografías de tórax debido al compromiso multisistémico.
Sífilis
El diagnóstico de sífilis se basa en microscopía de campo oscuro y pruebas serológicas, que se dividen en treponémicas y no treponémicas. Las pruebas no treponémicas, como RPR y VDRL, detectan anticuerpos contra cardiolipina, pero no son específicas. La confirmación requiere pruebas treponémicas que identifiquen anticuerpos contra Treponema pallidum, como FTA-ABS y TP-PA.
Tuberculosis
La prueba de Mantoux (PPD) es un método diagnóstico habitual. Ante un resultado positivo, se recomienda radiografía de tórax para evaluar enfermedad activa. Métodos confirmatorios incluyen tinción de Ziehl-Neelsen y cultivo.
Las técnicas moleculares, como GeneXpert, permiten un diagnóstico rápido y preciso, incluyendo detección de resistencia. Histopatológicamente, el granuloma es característico.
Amiloidosis primaria
El diagnóstico se basa en la sospecha clínica, los antecedentes familiares y la confirmación mediante biopsia de tejido.
Diabetes mellitus
Según la American Diabetes Association, el diagnóstico puede establecerse mediante: HbA1c ≥6,5%; glucosa plasmática en ayunas ≥126 mg/dL; o glucemia ≥200 mg/dL a las 2 horas en una prueba de tolerancia oral. También puede diagnosticarse en presencia de síntomas de hiperglucemia junto con glucemia casual ≥200 mg/dL.
Intoxicación por arsénico
Debe sospecharse ante antecedentes de exposición ocupacional o ambiental, o tras un cuadro de gastroenteritis aguda con hipotensión. Los signos de exposición crónica incluyen hiperpigmentación, neuropatía periférica y síntomas gastrointestinales recurrentes. El diagnóstico se basa en niveles elevados de arsénico en orina de 24 horas. En casos crónicos, pueden analizarse cabello y uñas.

Los signos de exposición crónica al arsénico incluyen hiperpigmentación, neuropatía periférica y síntomas gastrointestinales recurrentes
Lupus eritematoso sistémico
Las manifestaciones del lupus eritematoso sistémico se deben a depósito de complejos inmunes. El diagnóstico requiere cumplir al menos cuatro de los criterios del American College of Rheumatology. Incluye combinación de hallazgos clínicos (erupción malar, fotosensibilidad, úlceras, alopecia, artritis, serositis) y de laboratorio (anticuerpos antifosfolípidos, anti-ADN, anti-Smith, ANA). También pueden presentarse compromiso renal, hematológico y neurológico.
Artritis reumatoide
Los criterios ACR/EULAR 2010 incluyen compromiso articular, serología (factor reumatoide o anticuerpos anticitrulinados), reactantes de fase aguda y duración de síntomas. Una puntuación ≥6 confirma el diagnóstico.
Neurofibromatosis tipo 1
Se debe al crecimiento anormal de células derivadas de la cresta neural. El diagnóstico se basa en criterios clínicos (NIH), incluyendo máculas café-au-lait, neurofibromas, pecas axilares/inguinales, glioma óptico, nódulos de Lisch, alteraciones óseas y antecedentes familiares. Los criterios revisados en 2021 amplían estos parámetros diagnósticos.
Pelagra
El diagnóstico se basa en la clínica y la respuesta al tratamiento con niacina. Puede apoyarse con estudios de laboratorio que incluyan niveles de triptófano y niacina.
Deficiencia de vitamina B12
Se evalúa mediante hemograma, frotis periférico y niveles séricos de vitamina B12 y folato. La elevación de ácido metilmalónico y homocisteína ayuda a confirmar el diagnóstico y diferenciarlo de la deficiencia de folato.
Conclusiones
Este trabajo explora la intrincada relación entre la piel y el sistema nervioso, destacando la importancia de reconocer los cambios dermatológicos como posibles indicadores de afecciones neurológicas subyacentes. Esta comprensión resulta fundamental para el diagnóstico precoz y la evaluación del pronóstico, integrando el abordaje de la dermatología y la neurología.
Los criterios diagnósticos de diversas entidades frecuentes aquí presentados representan guías valiosas para la práctica clínica, aunque su actualización continua resulta necesaria para optimizar la precisión diagnóstica.
Si bien se establece una base sólida para la comprensión de las enfermedades neurocutáneas, persiste la necesidad de mayor investigación clínica que permita profundizar en los mecanismos fisiopatológicos, así como avanzar en herramientas diagnósticas y estrategias terapéuticas.
En conjunto, se reafirma la relevancia de la intersección entre dermatología y neurología, así como la importancia de continuar desarrollando conocimiento que contribuya a mejorar la atención de los pacientes en este campo.

Comprender la relación entre la piel y las enfermedades neurológicas resulta clave en la práctica clínica para un diagnóstico precoz y un mejor pronóstico
Piel y enfermedades neurológicas
Fuente
Lahoti A, Singh A, Bisen YT, Bakshi AM. Cutaneous manifestations and neurological diseases. Cureus 2023;14;15(10):e47024.








