Conocer la esclerosis múltiple

Lugones Editorial

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La esclerosis múltiple afecta el sistema nervioso central y su evolución es impredecible y variable, generalmente acompañada de discapacidad progresiva

Por la Lic. María Fernanda Cristoforetti, Editora de Lugones Editorial

La esclerosis múltiple (EM) tiene características propias, únicas y complejas. Es una enfermedad de larga duración que afecta generalmente a adultos jóvenes, entre los 20 a 40 años aproximadamente. Su evolución frecuentemente se acompaña de discapacidad progresiva.

“Clínicamente la esclerosis múltiple es una enfermedad inflamatoria desmielinizante que afecta el sistema nervioso central (SNC) de manera impredecible”, explica el Dr. Edgardo Cristiano, Jefe del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Buenos Aires.

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Es una enfermedad que afecta generalmente a adultos jóvenes de entre 20 y 40 años 

¿Cómo se desarrolla?

Las neuronas forman una red compleja encargada de transmitir los mensajes desde y hacia el SNC. Están formadas por un cuerpo celular del cual parten fibras nerviosas llamadas axones que están revestidos o envueltos por una vaina de mielina. La mielina, compuesta por grasas y proteínas, actúa como “aislante” de las fibras nerviosas y permite que las mismas transmitan sus impulsos rápidamente. “En la esclerosis múltiple, la mielina se lesiona en múltiples áreas del SNC por un proceso llamado desmielinización, de manera que la habilidad de los nervios para conducir impulsos eléctricos desde y hacia el cerebro se interrumpe o enlentece. Esto produce los síntomas de la enfermedad”, explica el Dr. Cristiano.

Afortunadamente la lesión de la mielina es reversible en muchas ocasiones, sin embargo, la desmielinización es solo una parte del problema: “Los axones también pueden lesionarse, incluso en las primeras etapas de la enfermedad. Cuando se dañan, la lesión es irreversible”.

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Una vez confirmado el diagnóstico de esclerosis múltiple, se aconseja iniciar el tratamiento lo más pronto posible

Formas de la enfermedad

  • EM a brotes y remisiones. Al comienzo de la enfermedad, la presenta el 85% de los pacientes; es la más frecuente caracterizada por la aparición de signos o síntomas neurológicos nuevos o el agravamiento de otros existentes (brote-recaída-exacerbación) de instalación aguda o subaguda que progresan de 24 a 72 horas, se estabilizan durante unos días para después mejorar en forma completa o parcial (remisión). La duración mínima de los síntomas de un brote debe ser de 24 horas para que sea considerado como tal.
  • EM secundaria progresiva. Con el transcurso del tiempo, y luego de años de evolución de la enfermedad, quienes inicialmente presentaron una esclerosis en forma de brotes y remisiones, desarrollan una progresión lenta e insidiosa de su discapacidad. En este caso, los brotes se tornan muy infrecuentes.
  • EM primaria progresiva. La padecen entre un 10 a un 15% de los pacientes y se caracteriza por la ausencia de ataques clínicos (brotes), pero con un comienzo lento y un empeoramiento constante de los síntomas a lo largo del tiempo. Es común en aquellas personas que desarrollan la enfermedad después de los 40 años.
  • EM benigna. La padece entre un 10 y 20% de los pacientes. La enfermedad, después de uno o dos brotes con recuperación completa, no empeora con el tiempo y tampoco hay una discapacidad permanente. Sin embargo, el diagnóstico es retrospectivo lo cual significa que solo después de 10 o 15 años de evolución de la enfermedad, y en aquellos que poseen una mínima discapacidad pero que son capaces de caminar sin problemas, puede decirse que presentan una forma benigna de la enfermedad.
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La falta de coordinación y el temblor son otros de los síntomas que padece cerca del 75% de los pacientes

Tratamientos 

Gracias a los avances de la ciencia, en la actualidad existen diversos fármacos que pueden modificar el curso clínico de la enfermedad y otros agentes terapéuticos que mejoran significativamente varios de los síntomas discapacitantes. El tratamiento se divide en:

  • Tratamiento de los brotes. El brote refiere a la aparición de nuevos síntomas de más de 24 horas de duración atribuibles a la esclerosis. En aquellos casos en los cuales se produce pérdida severa de la agudeza visual, visión doble, marcada falta de fuerza en uno o ambos miembros inferiores o trastornos del equilibrio, se iniciará el tratamiento con corticoides que actuarán acortando la duración del brote. 
  • Tratamiento de los síntomas. La espasticidad es una de las manifestaciones más frecuentes y consiste en un aumento del tono muscular que obstaculiza varias actividades de la vida diaria. Además, dificulta mantener la postura adecuada y puede interrumpir el descanso. En estos casos el tratamiento se divide en técnicas de enfriamiento de grupos musculares, con movimientos pasivos y lentos, además de estimuladores mecánicos por vibración. En relación a los fármacos, los especialistas generalmente recetarán baclofeno, tizanidina, benzodiacepinas, toxina botulínica y baclofeno intratecal.

La falta de coordinación y el temblor son otros de los síntomas que padece cerca del 75% de los pacientes. Para estos casos se recomienda usar muñequeras lastradas, sillas de ruedas e instrumentos de la vida diaria adaptados al temblor. Farmacológicamente, se medicarán betabloqueantes, primidona, isoniazida, clonazepán y carbamazepina.

Por último, otro de los síntomas de la esclerosis es la fatiga para lo cual se aconseja combinar una terapia farmacológica con determinadas estrategias dirigidas por un profesional entrenado que permitan reducir la fatiga a través del análisis sistemático del trabajo cotidiano, las actividades del hogar y las de esparcimiento.

  • Tratamiento de la progresión de la enfermedad. Una vez confirmado el diagnóstico de esclerosis múltiple, se aconseja iniciar el tratamiento lo más pronto posible con la administración del fármaco adecuado que deberá prolongarse de manera indefinida, a menos que aparezcan efectos adversos intolerables, marcada progresión de la enfermedad, embarazo o se disponga de otro tratamiento que resulte más eficaz. Para estos casos, se recomienda interferón beta-1a, interferón beta-1b y acetato de glatirámero. 
  • Tratamiento de las secuelas. Por último, el objetivo del tratamiento será la rehabilitación del paciente para gane mayor independencia física, emocional, social y vocacional. Para ello, el programa deberá adaptarse a sus propias necesidades y del cual deberán interiorizarse sus familiares para acompañarlo en este camino.

Autora: Lic. María Fernanda Cristoforetti. Derechos de reproducción: Sello Editorial Lugones®, Editorial Biotecnológica S.R.L. Se prohíbe la reproducción total o parcial de este artículo sin las autorizaciones de la autora y de la editorial. Obra registrada en la Dirección Nacional del Derecho de Autor, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina. Ciudad de Buenos Aires, Argentina.