La detección de autoanticuerpos específicos se ha convertido en una herramienta clave para confirmar el diagnóstico de las enfermedades ampollares autoinmunes. Las técnicas de inmunofluorescencia y los ensayos serológicos permiten identificar el antígeno diana, diferenciar patologías clínicamente similares y facilitar el seguimiento de los pacientes
Entrevista con el Dr. Julián Reigosa, Bioquímico, Director Técnico, Laboratorio Roquel S.R.L.
Lic. María Fernanda Cristoforetti, Editora de Lugones Editorial
Las enfermedades ampollares autoinmunes constituyen un grupo de trastornos caracterizados por la formación de ampollas en piel y mucosas como consecuencia de autoanticuerpos dirigidos contra proteínas estructurales de la epidermis o de la unión dermoepidérmica. Estos autoanticuerpos alteran la integridad epitelial y provocan ampollas y erosiones.
Pese a los avances en su comprensión y manejo, debido a la complejidad inmunopatológica y la heterogeneidad de sus manifestaciones clínicas, las enfermedades ampollares autoinmunes siguen representando un desafío diagnóstico y terapéutico.
“La detección precoz de las enfermedades ampollares es determinante porque el retraso diagnóstico impacta directamente en la morbimortalidad del paciente”, explica el Dr. Julián Reigosa, Bioquímico y Director Técnico del Laboratorio Roquel S.R.L., y agrega: “Estas patologías, como el pénfigo vulgar, pueden comprometer severamente la barrera cutánea y las mucosas, derivando en desequilibrios hidroelectrolíticos o infecciones sistémicas graves”.
“Desde nuestro lugar, contamos con herramientas que permiten un diagnóstico temprano, de manera que se puedan instaurar terapias inmunosupresoras o biológicas inmumorreguladores antes de que el compromiso sea extenso, mejorando drásticamente el pronóstico a largo plazo y la calidad de vida del paciente”, asegura el Dr. Reigosa.

“La detección precoz de las enfermedades ampollares es determinante porque el retraso diagnóstico impacta directamente en la morbimortalidad del paciente”, explica el Dr. Julián Reigosa, Bioquímico y Director Técnico del Laboratorio Roquel S.R.L
Desde el punto de vista clínico, ¿qué signos o características deben alertar al dermatólogo frente a una posible enfermedad ampollar?
– En la consulta, el dermatólogo debe estar atento a:
- La presencia de ampollas flácidas o tensas, y erosiones persistentes en mucosas (especialmente la oral, que suele ser el sitio de inicio en el pénfigo, o la mucosa ocular en el penfigoide de las mucosas).
- Signos clínicos clásicos como el signo de Nikolsky (desprendimiento de la epidermis tras la presión tangencial) o el signo de Asboe-Hansen son “banderas rojas”.
- También es fundamental observar la cronicidad de las lesiones que no responden a tratamientos convencionales.

Pese a los avances en su comprensión y manejo, debido a la complejidad inmunopatológica y la heterogeneidad de sus manifestaciones clínicas, las enfermedades ampollares autoinmunes siguen representando un desafío diagnóstico y terapéutico
Una vez que surge la sospecha clínica, ¿qué estudios son indispensables para confirmar el diagnóstico?
– El abordaje diagnóstico actual se apoya en un trípode de estudios:
- Histopatología convencional (hematoxilina y eosina, H&E): permite observar el nivel de la ampolla (intraepidérmica o subepidérmica) y el tipo de infiltrado inflamatorio.
- Inmunofluorescencia directa (IFD): es el estándar de oro para el diagnóstico. Requiere una biopsia de piel perilesional para detectar depósitos in vivo de IgG, IgA o C3.
- Serología especializada: se utiliza para detectar y cuantificar los autoanticuerpos circulantes mediante inmunofluorescencia indirecta (IFI) o ELISA.

La inmunofluorescencia directa es el estándar de oro para el diagnóstico. Requiere una biopsia de piel perilesional para detectar depósitos in vivo de IgG, IgA o C3
La inmunofluorescencia y la detección de autoanticuerpos han cambiado el abordaje diagnóstico de estas enfermedades, ¿cuál es hoy el rol de estas técnicas?
– Actualmente su rol es definitivo. Mientras que la histopatología muestra la arquitectura del daño, la inmunofluorescencia y el ELISA revelan la causa molecular.
En este sentido, la microscopía de fluorescencia de última generación permite visualizar con alta definición los depósitos de inmunoglobulinas.
Cabe señalar que estas técnicas transforman una sospecha clínica en una certeza diagnóstica, facilitando diferenciar patologías que clínicamente parecen iguales, pero que en realidad tienen pronósticos y tratamientos distintos.

La microscopía de fluorescencia de última generación permite visualizar con alta definición los depósitos de inmunoglobulinas
En muchos casos, el diagnóstico requiere integrar clínica, histopatología y estudios inmunológicos, ¿qué importancia tiene la articulación entre dermatólogos y laboratorios especializados?
– La articulación es vital para evitar errores de interpretación. El laboratorio especializado no solo procesa muestras, sino que también ofrece herramientas integrales.
Para facilitar el trabajo clínico, se cuenta con un panel de autoanticuerpos para enfermedades ampollares que simplifica la tarea del médico. Al testear simultáneamente antígenos clave, permite al clínico “mapear” la enfermedad de forma exhaustiva, asegurando que la correlación entre lo que él observa en el consultorio y lo que se detecta en el suero sea total.

El panel de autoanticuerpos permite al clínico “mapear” la enfermedad de forma exhaustiva, asegurando que la correlación entre lo que él observa en el consultorio y lo que se detecta en el suero sea total
¿Qué dificultades diagnósticas se presentan con mayor frecuencia en estas patologías?
– Al ser enfermedades poco frecuentes, el médico que no está alerta suele pensar en otras entidades, lo cual retrasa el diagnóstico y la instauración del tratamiento correcto.
Las mayores dificultades surgen en las etapas iniciales, cuando las lesiones pueden ser atípicas o únicamente mucosas, simulando aftosis recurrente o liquen plano.
Otra dificultad es la “ventana negativa” de la IFD si el paciente ya recibe tratamiento corticoideo sistémico potente, así como las formas de transición (síndromes de superposición) que requieren un panel de anticuerpos muy específico para poder diferenciarlas.

Las mayores dificultades diagnósticas surgen en las etapas iniciales, cuando las lesiones pueden ser atípicas o únicamente mucosas, simulando aftosis recurrente o liquen plano
En los últimos años se han desarrollado nuevas técnicas serológicas para identificar autoanticuerpos específicos, ¿cómo impactan estos avances en el diagnóstico y seguimiento de los pacientes?
– El impacto de las nuevas técnicas serológicas ha sido revolucionario. Gracias a ELISA, hoy es posible identificar con precisión absoluta el antígeno diana. El panel de autoanticuerpos para enfermedades ampollares incluye desmogleínas 1 y 3 (fundamentales para pénfigos), BP180 y BP230 (para penfigoide ampollar), envoplaquina(clave en el diagnóstico del pénfigo paraneoplásico) y colágeno VII (para epidermólisis ampollar adquirida y lupus eritematoso ampollar).
Esto impacta en dos niveles:
- Diagnóstico diferencial preciso: permite identificar la proteína exacta contra la que se dirige la respuesta autoinmune.
- Seguimiento objetivo: al ser un estudio cuantitativo, posibilita al dermatólogo monitorear la respuesta al tratamiento. Una disminución en los títulos de estos anticuerpos indica que la enfermedad está siendo controlada, incluso antes de que desaparezcan por completo las lesiones en la piel.

Las herramientas de diagnóstico refuerzan la capacidad del especialista para centrar su atención en la recuperación y el bienestar del paciente, con un abordaje cada vez más seguro y eficaz
En conjunto, los avances en inmunofluorescencia y serología permiten al dermatólogo transformar una sospecha clínica en un diagnóstico certero, diferenciar patologías con pronósticos y tratamientos distintos, y realizar un seguimiento preciso de la respuesta al tratamiento.
Estas herramientas refuerzan la capacidad del especialista para centrar su atención en la recuperación y el bienestar del paciente, con un abordaje cada vez más seguro y eficaz.








