La crioterapia en dermatología es un procedimiento que consiste en la aplicación controlada de frío extremo, habitualmente mediante nitrógeno líquido, para la destrucción tisular de lesiones cutáneas benignas, premalignas y malignas seleccionadas
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La crioterapia es un procedimiento ampliamente utilizado en dermatología para el tratamiento de lesiones cutáneas benignas, premalignas y malignas seleccionadas.
Se basa en la aplicación controlada de frío extremo, generalmente mediante nitrógeno líquido, para inducir la destrucción tisular mediante la formación de cristales de hielo intracelulares, la estasis vascular y el daño osmótico.
Su eficacia depende de la adecuada selección de la lesión, la delimitación precisa de los márgenes y la correcta ejecución de los ciclos de congelación y descongelación.
El procedimiento se asocia a respuestas locales esperables como eritema, ampollas y formación de costras, con resolución en semanas, aunque puede presentar complicaciones como hipopigmentación, cicatrices, lesión nerviosa o recurrencia, lo que subraya la importancia de la técnica y del asesoramiento al paciente.
En este artículo se describen los fundamentos de la crioterapia en dermatología, sus mecanismos de acción a nivel tisular y las principales indicaciones clínicas en lesiones cutáneas benignas, premalignas y malignas seleccionadas, con énfasis en su correcta utilización en la práctica dermatológica.

La eficacia de la crioterapia depende de la adecuada selección de la lesión, la delimitación precisa de los márgenes y la correcta ejecución de los ciclos de congelación y descongelación
Introducción
La criocirugía, descrita desde el siglo XIX, se ha consolidado como un pilar de la dermatología por ser una técnica efectiva, ambulatoria y de bajo costo, con buenos resultados cosméticos.
Utiliza criógenos como el nitrógeno líquido para inducir el enfriamiento controlado del tejido, produciendo destrucción celular mediante dos mecanismos principales: daño vascular con isquemia secundaria y lesión directa por formación de cristales de hielo intra y extracelulares.
Durante la congelación, el gradiente osmótico provoca deshidratación celular y, en fases posteriores, la formación intracelular de cristales contribuye a la ruptura de membranas. El proceso de descongelación también genera daño adicional por el flujo osmótico inverso, por lo que el esquema ideal incluye congelación rápida seguida de descongelación lenta.

La crioterapia utiliza criógenos como el nitrógeno líquido para inducir el enfriamiento controlado del tejido, produciendo destrucción celular mediante daño vascular con isquemia secundaria y lesión directa por formación de cristales de hielo intra y extracelulares
Un aspecto relevante es su potencial efecto inmunológico, ya que la destrucción in situ del tejido permite la liberación y preservación de antígenos tumorales, favoreciendo una respuesta inmune del huésped, a diferencia de las técnicas de escisión.
El grado de daño tisular depende de la temperatura alcanzada y del número de ciclos de congelación-descongelación. En general, las lesiones benignas requieren temperaturas cercanas a -20 °C, mientras que las neoplasias malignas pueden requerir temperaturas más bajas, alrededor de -50 °C, teniendo en cuenta que los melanocitos son particularmente sensibles al frío.
Finalmente, la distribución del frío sigue patrones de isotermas esféricas, lo que permite estimar la profundidad del daño tisular. Factores físicos como la conducción térmica del medio y las características de la lesión, especialmente la presencia de hiperqueratosis, influyen significativamente en la eficacia del procedimiento.
Indicaciones
La criocirugía tiene indicaciones amplias en el tratamiento de lesiones cutáneas benignas, premalignas y malignas seleccionadas.
- Entre las lesiones benignas tratables se incluyen queratosis seborreica, verrugas virales, acrocordones, molusco contagioso, lentigo solar y cicatrices hipertróficas o queloides. En la mayoría de los casos puede lograrse resolución con una sola sesión, aunque lesiones más extensas o hiperqueratósicas, especialmente las verrugas, pueden requerir múltiples sesiones espaciadas cada 3 a 4 semanas.
- También se han descrito aplicaciones en acné vulgar, particularmente en pacientes en los que los tratamientos convencionales están contraindicados, como el embarazo, así como en acné noduloquístico mediante técnicas con criosonda. Asimismo, la crioterapia puede contribuir a la mejoría de la hiperpigmentación posinflamatoria, aunque la evidencia en este contexto aún requiere mayor desarrollo.
- En patologías inflamatorias crónicas, se ha observado un posible efecto antipruriginoso, con reducción del prurito en pacientes con dermatitis atópica leve a moderada tras el tratamiento.
- En hidradenitis supurativa, la crioterapia ha mostrado utilidad en nódulos dolorosos persistentes, y técnicas como la crioinsuflación intralesional han sido exploradas con resultados variables, probablemente por destrucción folicular y de estructuras apocrinas.
- En cicatrices queloides, la crioterapia superficial puede utilizarse en combinación con triamcinolona intralesional, favoreciendo el aplanamiento de la lesión, la redistribución del fármaco y la destrucción tisular mediante congelación controlada.
- En lesiones premalignas y malignas seleccionadas se incluyen queratosis actínica, carcinoma basocelular de bajo riesgo y carcinoma escamoso in situ. El tratamiento de neoplasias malignas con crioterapia no constituye terapia de primera línea y se reserva para pacientes no candidatos a escisión quirúrgica o lesiones de difícil abordaje quirúrgico. En el carcinoma basocelular de bajo riesgo se utilizan temperaturas aproximadas de -50 °C con márgenes de seguridad.
Contraindicaciones
- La criocirugía está contraindicada en lesiones de comportamiento biológico incierto sin diagnóstico histológico, clínico o dermatoscópico previo.
- También se contraindica en patologías asociadas a sensibilidad o exacerbación por frío, como crioglobulinemia, mieloma múltiple, enfermedad de Raynaud, urticaria por frío o antecedentes de lesiones inducidas por frío en el sitio de tratamiento.
- Debe evitarse en territorios con compromiso vascular significativo, debido al riesgo de vasoconstricción y necrosis tisular secundaria. En este contexto, la enfermedad arterial periférica constituye una contraindicación relevante.

La criocirugía tiene indicaciones amplias en el tratamiento de lesiones cutáneas benignas, premalignas y malignas seleccionadas, aunque se sugiere revisar cuáles son sus contraindicaciones
Equipo
En la práctica dermatológica pueden utilizarse distintos criógenos, incluyendo nitrógeno líquido, dióxido de carbono y otros gases comprimidos, aunque el nitrógeno líquido es el agente más empleado. Su punto de ebullición es de -196 °C y se almacena habitualmente en contenedores altamente aislados denominados dewars, con capacidades variables, que permiten conservarlo durante semanas. También existen dispositivos generadores de nitrógeno líquido para su uso clínico.
Los sistemas crioquirúrgicos suelen ser unidades portátiles que almacenan temporalmente el criógeno y permiten su aplicación mediante distintos accesorios. En la técnica de pulverización abierta se utilizan pistolas con boquillas intercambiables que permiten ajustar el tamaño y la precisión del área tratada.
Para tratamientos más dirigidos pueden emplearse conos, placas con aberturas o sondas de distintos tamaños que permiten la aplicación por contacto directo. Asimismo, instrumentos como aplicadores o pinzas pueden enfriarse previamente en nitrógeno líquido para el tratamiento de lesiones pedunculadas.
En el tratamiento de lesiones malignas o de mayor complejidad, puede incorporarse la monitorización de la temperatura tisular mediante termómetros integrados en sondas o dispositivos infrarrojos, lo que permite estimar las isotermas alcanzadas durante el procedimiento.

Los sistemas crioquirúrgicos suelen ser unidades portátiles que almacenan temporalmente el criógeno y permiten su aplicación mediante distintos accesorios
Preparación
La preparación cutánea para criocirugía suele ser mínima. En la mayoría de los casos no se requieren antisépticos, aunque pueden utilizarse en el tratamiento de lesiones malignas, especialmente cuando se emplean sondas de contacto, debido al posible riesgo de sangrado.
En lesiones hiperqueratósicas puede indicarse curetaje previo para mejorar la eficacia de la aplicación del criógeno. La anestesia local generalmente no es necesaria en lesiones pequeñas, ya que el procedimiento suele ser bien tolerado e incluso puede ser más doloroso que la inyección anestésica en algunos casos. Para áreas extensas, pueden utilizarse anestésicos tópicos aplicados con antelación, aunque su efecto sobre el dolor durante la fase de descongelación es limitado.

En la mayoría de los casos no se requieren antisépticos, aunque pueden utilizarse en el tratamiento de lesiones malignas, especialmente cuando se emplean sondas de contacto, debido al posible riesgo de sangrado.
Técnica o tratamiento
Las técnicas de criocirugía varían según el tipo de lesión. En lesiones benignas se suele emplear un ciclo de congelación-descongelación, con temperaturas aproximadas de -25 °C para tumores queratinocíticos y alrededor de -5 °C para lesiones pigmentadas. Las verrugas pueden requerir dos ciclos debido a su mayor resistencia al tratamiento.
Las lesiones malignas se tratan habitualmente con dos ciclos de congelación-descongelación, alcanzando temperaturas cercanas a -50 °C y márgenes de seguridad adecuados según el tipo de lesión. La queratosis actínica también suele tratarse con dos ciclos, aunque con márgenes menores.
El tiempo de congelación y el tamaño del halo de congelación son variables clave: en lesiones benignas se recomienda extender el congelamiento 1 a 2 mm más allá del borde clínico para asegurar la destrucción completa. En lentigos solares se utilizan tiempos más breves debido a la mayor sensibilidad de los melanocitos.
La criocirugía de lesiones malignas no es considerada tratamiento de primera línea y presenta tasas de recurrencia variables, por lo que requiere seguimiento estrecho. La ausencia de tejido para análisis histológico limita la confirmación de márgenes libres, lo que obliga a una estrategia más agresiva y control clínico posterior.
Las técnicas de aplicación incluyen el método abierto por pulverización, el método semiabierto con conos o placas para dirigir el frío, y la técnica de contacto mediante sondas enfriadas. En esta última, debe evitarse la congelación del instrumental sobre la piel para prevenir lesiones no deseadas o sangrado durante la extracción.
Complicaciones
Tras la criocirugía, es esperable una evolución local con intención secundaria, lo que implica un tiempo de cicatrización variable según la profundidad del tratamiento, siendo mayor en lesiones más profundas o en extremidades inferiores. El dolor breve es frecuente y suele durar menos de un minuto. La evolución habitual incluye eritema, edema y vesiculación en los primeros días, con posible exudado seroso durante hasta dos semanas. Posteriormente puede aparecer formación de escara, que puede desprenderse o debridarse de forma conservadora.
Entre las complicaciones se incluyen:
- Dispigmentación (principalmente hipopigmentación por la alta sensibilidad de los melanocitos al frío).
- Hiperpigmentación posinflamatoria en fototipos más altos, alopecia cuando se afecta cuero cabelludo, cicatrices deprimidas y distorsión tisular en áreas como uñas o cartílago.
- También puede observarse hiperplasia pseudoepiteliomatosa, generalmente de resolución espontánea.
- Las lesiones profundas o tratamientos agresivos pueden asociarse a mayor riesgo de cicatriz y daño estructural, especialmente en zonas con estructuras anexiales o cartilaginosas.

La selección adecuada del paciente es fundamental para optimizar resultados y minimizar complicaciones. Asimismo, es esencial informarlo sobre la evolución esperada, la cicatrización por intención secundaria y los posibles efectos adversos
Conclusiones
La criocirugía es una técnica consolidada en dermatología para el tratamiento de lesiones cutáneas benignas, premalignas y malignas seleccionadas, que combina eficacia clínica con la posibilidad de un abordaje ambulatorio y mínimamente invasivo. Su utilidad se sustenta en la capacidad de inducir destrucción tisular controlada mediante la aplicación de frío extremo, con resultados que dependen de parámetros técnicos precisos.
La eficacia y seguridad del procedimiento están directamente relacionadas con la correcta selección de las lesiones, la adecuada ejecución de la técnica y el conocimiento de sus limitaciones, incluyendo la ausencia de control histológico y la posibilidad de efectos adversos locales. En este sentido, la criocirugía requiere una indicación cuidadosa y una técnica bien estandarizada para optimizar resultados clínicos y cosméticos.
Su uso en la práctica dermatológica debe integrarse dentro de un enfoque clínico individualizado, considerando siempre el balance entre eficacia terapéutica, seguridad del paciente y riesgo de recurrencia.
Crioterapia en dermatología: fundamentos e indicaciones
Fuente
Daniels P, Taylor A, Lum A, et al. Cryotherapy in dermatology. [Updated 2026 Mar 25]. In: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2026 Jan-.








