>

Congreso Diabetes 2026: simposios de enfoques clínicos

Lugones Editorial

5 congreso diabetes 2026 simposios 6

En la tarde del sábado 31 de octubre, en el XXV Congreso Argentino de Diabetes 2026, se presentarán diversos simposios orientados al enfoque del adulto mayor, la progresión de la prediabetes y la obesidad en la familia

Lugones Editorial©

Los últimos simposios del Congreso Diabetes 2026 incluirán diversas temáticas vinculadas a: “Enfoque integral del adulto mayor”, “¿A qué nos referimos cuándo hablamos de cursos de vida?”, “Determinantes clínicos y tisulares en la progresión de la prediabetes” y “Enfoque de la obesidad en la familia”

SIMPOSIO: Enfoque integral del adulto mayor

La Dra. Carina Parisi será la encargada de coordinar el simposio “Enfoque integral del adulto mayor”.

Suplementación en el adulto mayor  

María Inés Somoza  

La diabetes mellitus (DM) en el adulto mayor representa un desafío clínico complejo debido a la frecuente coexistencia de fragilidad, multimorbilidad y riesgo de desnutrición. En este contexto, el uso de suplementos nutricionales es una práctica habitual: datos de estudios poblacionales como NHANES muestran que entre el 54% y el 59% de las personas con diabetes consumen al menos un suplemento nutricional de forma regular. 

Sin embargo, los Standards of Care de la American Diabetes Association (ADA) 2026 señalan que no existe evidencia consistente que respalde la suplementación rutinaria con vitaminas o minerales para mejorar los resultados metabólicos en individuos sin deficiencias nutricionales documentadas. Por ello, la recomendación actual prioriza la terapia nutricional médica individualizada, basada en patrones alimentarios saludables, con énfasis en alimentos integrales de alta densidad nutricional por sobre la administración aislada de nutrientes. 

En este marco, resulta fundamental la evaluación nutricional integral para identificar a los pacientes que podrían beneficiarse de estrategias de suplementación específicas. Las deficiencias más frecuentemente observadas en adultos mayores con diabetes incluyen vitamina B12, vitamina D, magnesio, hierro y calcio. Su detección es especialmente relevante por su potencial impacto sobre la función neurológica, la salud musculoesquelética, la capacidad funcional y la calidad de vida, particularmente en pacientes con fragilidad, multimorbilidad y/o polifarmacia. 

La suplementación nutricional en el adulto mayor con DM debe considerarse una estrategia individualizada, dirigida a corregir deficiencias específicas y optimizar la funcionalidad, más que una intervención rutinaria para el control metabólico.

1 congreso diabetes 2026 simposios 6

La Dra. Carina Parisi coordinará el simposio “Enfoque integral del adulto mayor”.

Fragilidad y sarcopenia 

Graciela Rubin

La sarcopenia y la fragilidad son síndromes geriátricos frecuentemente subdiagnosticados que se asocian de manera bidireccional con la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) en el adulto mayor, con una prevalencia notablemente mayor que en la población sin DM. 

La hiperglucemia crónica, la inflamación subclínica y las complicaciones microvasculares aceleran el deterioro del músculo esquelético, mientras que la pérdida de masa y fuerza muscular compromete a su vez el control metabólico, configurando un círculo de retroalimentación negativa. La DM constituye además un factor de riesgo independiente de fragilidad, síndrome caracterizado por la reducción de la reserva fisiológica frente a factores estresantes agudos, como una internación, una infección o una hipoglucemia.

La detección temprana puede realizarse en el consultorio con herramientas simples y de bajo costo, sin necesidad de tecnología ni de derivación a un centro especializado: el cuestionario SARC-F, la velocidad de la marcha en 4 metros y la fuerza de prensión manual permiten identificar a los pacientes en riesgo, reservando la bioimpedancia o la densitometría para la confirmación diagnóstica. Su reconocimiento oportuno resulta clave, dado que ambos síndromes se asocian a mayor riesgo de caídas, hipoglucemias graves, hospitalización, discapacidad y mortalidad, de forma independiente del grado de control glucémico. Se recomienda repetir el tamizaje anualmente y tras toda internación o descompensación aguda.

El enfoque terapéutico debe individualizarse según el grado de fragilidad. En el paciente frágil se recomienda flexibilizar las metas de HbA1c, priorizar fármacos de bajo riesgo de hipoglucemia y evitar la sobremedicalización, considerando la desintensificación terapéutica cuando el riesgo supere el beneficio. El ejercicio de resistencia constituye la intervención no farmacológica de mayor evidencia disponible, y debe combinarse con un aporte proteico adecuado (1,0–1,5 g/kg/día) y la corrección del déficit de vitamina D.

Incorporar el tamizaje de sarcopenia y fragilidad en la consulta diabetológica de rutina -mediante preguntas breves y mediciones funcionales sencillas- permite anticipar el deterioro funcional y adaptar el tratamiento a tiempo, mejorando la calidad de vida y reduciendo complicaciones evitables en esta población vulnerable.

Esquema de tratamiento en el adulto mayor 

Marcela Martínez

La diabetes mellitus tipo 2 (DM2) es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en el adulto mayor y representa un desafío terapéutico creciente debido a la heterogeneidad de esta población. La presencia de comorbilidades, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica, fragilidad, sarcopenia o deterioro cognitivo hace que la elección del tratamiento deba contemplar mucho más que el grado de hiperglucemia.

En esta presentación se revisarán los aspectos que orientan el tratamiento farmacológico, integrando la evidencia científica actual con las diferentes situaciones clínicas que se presentan en la práctica diaria. Se discutirán las características de los distintos fármacos disponibles, analizando beneficios y limitaciones y su uso de acuerdo al perfil de cada paciente. 

Se abordarán situaciones frecuentes en la consulta, como la coexistencia de enfermedad cardiovascular o renal, la obesidad, la fragilidad y la sarcopenia, así como la necesidad de simplificar los esquemas terapéuticos, jerarquizando la reducción del riesgo de hipoglucemia y considerando la funcionalidad y la calidad de vida como componentes centrales en la toma de decisiones.

2 congreso diabetes 2026 simposios 6

“Esquema de tratamiento en el adulto mayor” será la problemática que abordará la Dra. Marcela Martínez

SIMPOSIO: La salud metabólica a través del curso de vida

Con la coordinación de la Dra. Magdalena Rey se presentará el simposio “La salud metabólica a través del curso de vida”.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de curso de vida? Definición y epidemiología 

Silvia Lapertosa

El pacto tiene como objetivo reducir el riesgo de diabetes mellitus (DM) y garantizar que todas las personas diagnosticadas con DM tengan acceso a un tratamiento y una atención equitativos, integrales, asequibles y de calidad. El trabajo realizado por el Pacto también apoya la prevención de la DM2 abordando la obesidad, la dieta poco saludable y el sedentarismo.

El Pacto trabaja para alcanzar cinco metas mundiales de cobertura de la diabetes para 2030: 1) el 80% de las personas con DM está diagnosticada; 2) El 80% de las personas con DM diagnosticada tiene un buen control de la glucemia; 3) el 80% de las personas con DM diagnosticada tiene un buen control de la presión arterial; 4) el 60% de las personas con DM de 40 años o más recibe estatinas; 5) el 100% de las personas con DM1 tiene acceso a insulina asequible y al autocontrol de la glucosa en sangre. 

Estos objetivos constituyen una parte fundamental del trabajo solicitado por los Estados Miembros mediante la resolución WHA74.4, adoptada en la 74º Asamblea Mundial de la Salud en 2021. Esta nueva mirada en el enfoque de la atención en curso de vida es un giro del modelo tradicional de atención al modelo actual integrando las distintas etapas de la vida como un continuo metabólico.

La meta mundial en materia de ENT es detener el aumento de la DM y de la obesidad y ningún país de la región de las Américas está en vías de lograr dicha meta. La prevalencia de la diabetes y la obesidad están aumentando en todos los países.  En un estudio en nuestro país en 2022 de más de un millón de embarazadas la media de índice de masa corporal estaba por encima de 25 kg/m2 y señalaba una prevalencia de 24,4% y 14,7% de sobrepeso y obesidad respectivamente, esto impactará negativamente en la prevalencia de DM gestacional. 

Esto se verá incrementado por el aumento de la prevalencia de la obesidad en la población infantil y adolescente que se incrementó en un 44,6% desde el 2000 al 2022.

En 2023, la Argentina registró una razón de mortalidad materna de 3,2 por cada 100,000 nacidos vivos, lo que representa un aumento en comparación con años anteriores. Las principales causas de muerte materna incluyeron enfermedades del corazón, tumores y enfermedad cerebrovascular. Para abordar estas problemáticas debemos cambiar el paradigma de atención fragmentada por una mirada integradora de las distintas etapas de la vida como un continuo metabólico

El enfoque de curso de vida se entiende como la forma en que las experiencias y condiciones a lo largo de la vida afectan la salud en el futuro. Estas influencias pueden ser buenas o malas, y van moldeando cómo vivimos y nos desarrollamos en sociedad. 

Este curso de vida inicia antes del embarazo teniendo una predisposición genética e impactando factores de riesgo para DM como la edad materna, la obesidad y los hábitos no saludables. Durante el embarazo el diagnóstico de hiperglucemia entre el segundo y el tercer trimestre con un posparto donde persiste  la resistencia insulínica, inflamación subclínica crónica, dislipidemia, disfunción endotelial y daño vascular para progresar a DM2 ,aterosclerosis y enfermedad cardiovascular marcando este camino que se inició en el útero materno y es responsabilidad de todos cambiar la trayectoria de riesgo con medidas costo-efectivas.

El modelo tradicional es un modelo clásico de riesgo que focaliza la atención de manera estrictamente transversal en la adultez, midiendo factores puntuales como el peso, el hábito tabáquico, el plan alimentario. Conceptualiza a la DM2 como una eclosión fisiopatológica desconectada de la biografía previa.

Esto se engloba en el origen del Desarrollo (DoHaD), en la hipótesis de Baker, cuando refiere que el retraso del crecimiento intrauterino (RCIU) y la sobreexposición nutricional (Diabetes gestacional) obligan al feto a realizar adaptaciones adaptativas compensatorias. Estas adaptaciones reducen permanentemente la masa betacelular pancreática y programan una resistencia periférica a la insulina que persistirá de por vida.

02 congreso diabetes 2026 simposios 6

“¿A qué nos referimos cuando hablamos de curso de vida? Definición y epidemiología”, será el interrogante que responderá en su disertación la Dra. Silvia Lapertosa

Impacto epigenético 

Susana Salzberg

Un creciente volumen de evidencia demuestra que las exposiciones ambientales pueden dejar huellas epigenéticas y desencadenar alteraciones tanto globales como específicas. La epigenética es la rama de la genética que estudia los mecanismos reguladores capaces de modificar la expresión génica sin alterar la secuencia de ADN, cuyos procesos principales son la metilación del ADN, las modificaciones postraduccionales de las histonas y la acción del ARN no codificante.

Cada vez se reconoce con mayor fuerza que estos procesos constituyen una ventana crítica para la salud futura, abarcando desde el inicio de la gestación y todo el desarrollo embrionario y fetal, con repercusiones determinantes que pueden extenderse hasta la vida adulta.

En esta regulación genética intervienen tanto factores externos (como metales pesados, hidrocarburos aromáticos policíclicos, contaminantes del aire y pesticidas) como factores internos, como la dieta, la obesidad parental y las patologías del embarazo, entre los más destacados.

Más allá de los efectos adversos maternos, las marcas epigenéticas pueden repercutir directamente en la salud de la descendencia, llegando a involucrar hasta tres generaciones. Comprender cómo los factores ambientales y el estado nutricional alteran el perfil epigenético durante el embarazo y el desarrollo embrionario es clave para prever consecuencias a largo plazo, como alteraciones metabólicas y una mayor susceptibilidad a enfermedades crónicas no trasmisibles. Profundizar en estos mecanismos resulta fundamental para la prevención y la gestión clínica en la medicina reproductiva.

3 congreso diabetes 2026 simposios 6

La Dra. Susana Salzberg charlará sobre “Impacto epigenético” en el simposio “¿A qué nos referimos cuándo hablamos de cursos de vida?”

Impacto en el binomio madre e hija 

Celeste Muntaner

El concepto de origen de la salud y enfermedad en el desarrollo ha permitido evidenciar la asociación entre las patologías de la adultez y los eventos ocurridos durante la etapa prenatal y los 2 años de vida, lo que denominamos primeros 1.000 días. El desarrollo de un individuo está determinado no solo por la herencia genética, sino también por la interacción de sus genes con el medio ambiente. 

Condiciones durante el embarazo, como la obesidad materna, diabetes mellitus tipo 2 (DM2), diabetes gestacional (DMG), preeclampsia (PE), restricción de crecimiento intrauterino (RCIU), bajo peso al nacer (BPN) y parto prematuro (PP) producen modificaciones en la programación fetal temprana, predisponiéndolo a una mayor susceptibilidad de desarrollar patologías crónicas.

La obesidad materna altera la calidad ovocitaria, modifica la metilación del ADN y afecta el desarrollo placentario, aumentando el riesgo de obesidad, DM2 y enfermedad cardiovascular en la decendencia. La obesidad paterna también impacta negativamente. 

Las patologías obstétricas producen cambios en la madre que persisten más allá del nacimiento. Los trastornos hipertensivos del embrazo se asocian con un mayor riesgo de cardiopatía isquémica, arritmias y ACV. En mujeres menores de 40 años, este riesgo es más elevado dentro de la primera década posterior a un embarazo complicado por PE y persiste incluso más de 20 años después. 

Aquellas con DMG presentan un riesgo relativo de desarrollar DM2 10 veces mayor que quienes no la presentaron, siendo el riesgo de DM2 del 20% a los 10 años y del 29% a los 20 años. Presentan el doble de riesgo cardiovascular que sus pares, especialmente en los primeros 10 años, aún sin desarrollar DM2.

Los recién nacidos BPN presentan menor número de nefronas, mayor riesgo de hipertensión arterial, obesidad, DM2 y enfermedad renal crónica, mientras que aquellos de PP presentan además riesgo de enfermedad coronaria y ACV.

Los primeros 1.000 días son una ventana de oportunidad para disminuir la carga de enfermedades no transmisibles. La programación de los embarazos es esencial. Las estrategias preconcepcionales son costo-efectivas, pero la implementación depende de múltiples factores. 

La historia perinatal es relevante a lo largo de toda la vida por lo que deberíamos incorporar a nuestra anamnesis el peso y la edad gestacional al nacer para dar a estas poblaciones de alto riesgo el seguimiento requerido. Es fundamental el abordaje interdisciplinario en el puerperio para que esas pacientes jóvenes de alto riesgo cardiometabólico reciban la asistencia adecuada en el cuarto trimestre.

4 congreso diabetes 2026 simposios 6

La Dra. Celeste Muntaner expondrá sobre “Impacto en el binomio madre e hija”. En la foto, la Dras. Macarena Schneider (izquierda) y Muntaner (derecha)

Impacto en el adulto mayor 

Cristina Faingold

El enfoque de curso de vida es un marco conceptual utilizado en salud pública, epidemiología y ciencias sociales que analiza cómo los factores biológicos, conductuales, sociales, económicos y ambientales interactúan a lo largo del tiempo para influir en la salud y la enfermedad de las personas. Parte de la premisa de que la salud no es un fenómeno estático ni resultado de eventos aislados, sino la consecuencia de una trayectoria acumulativa de exposiciones y experiencias que comienzan incluso antes del nacimiento y continúan durante toda la vida. 

Las exposiciones favorables o desfavorables pueden acumularse y modificar el riesgo de enfermedad o bienestar en etapas posteriores. En patologías como diabetes mellitus (DM), obesidad o enfermedad cardiovascular, este enfoque permite comprender cómo factores tempranos (nutrición fetal, crecimiento infantil, hábitos familiares, contexto socioeconómico) pueden condicionar el riesgo metabólico y clínico en la adultez.

La DM es una enfermedad crónica muy frecuente en adultos mayores, que afecta a más del 25% de las personas mayores de 65 años. La mayoría de los adultos mayores con DM también presentan otras enfermedades crónicas. Además, pueden padecer síndromes geriátricos y afecciones multifactoriales, como incontinencia urinaria y deterioro cognitivo3. Asimismo, pueden depender del apoyo de familiares o amigos que les faciliten las actividades de autocuidado relacionadas con la DM. Por lo tanto, los adultos mayores con DM requieren un enfoque de atención diferente al de los adultos más jóvenes. 

La atención debe individualizarse según el estado funcional, las enfermedades crónicas coexistentes y la esperanza de vida del adulto mayor, y la planificación de la atención centrada en el paciente debe basarse en una evaluación geriátrica integral. La importancia de los factores de riesgo cardiometabólico, como la obesidad, la hipertensión, el tabaquismo y el sedentarismo, que se desarrollan en la mediana edad, sugiere que se requieren enfoques preventivos, mucho antes de que estos pacientes desarrollen por ejemplo demencia.

Además de la genética, el entorno familiar afectivo y educativo, así como el entorno general, interactúan enormemente desde los primeros días de vida. Otros factores, como el nivel socioeconómico, la educación y la escolarización en zonas urbanas o rurales, también influyen significativamente en la adquisición diferencial de conocimientos sobre salud. Esto determina la adherencia (o la falta de ella) a estilos de vida saludables, la prevención de conductas de riesgo y el consumo de sustancias, así como el cumplimiento de las normas de higiene y la adherencia a las vacunas y tratamientos. Todos estos factores sumamente trascendentes para llegar de la mejor manera posible a la edad adulta.

5 congreso diabetes 2026 simposios 6

La Dra. Cristina Faingold cerrará este simposio con su charla sobre “Impacto en el adulto mayor”

SIMPOSIO: Determinantes clínicos y tisulares en la progresión de la prediabetes

El reconocido diabetólogo, el Dr. Isaac Sinay, será el encargado de coordinar el simposio “Determinantes clínicos y tisulares en la progresión de la prediabetes”.

Progresión a diabetes, remisión a normalidad y epidemiología

Guillermo Marcucci 

La prediabetes es una condición altamente prevalente y heterogénea. Su caracterización fenotípica es crucial, ya que los perfiles metabólicos determinan tanto el riesgo individual de progresión a diabetes mellitus tipo 2 (DM2) como el potencial de remisión hacia la tolerancia normal a la glucosa (TNG). Las variaciones en la prevalencia y las trayectorias metabólicas dependen, además, de los criterios diagnósticos utilizados también de determinantes socioeconomicos y de la distribución geográfica.

Los objetivos fueron analizar los factores epidemiológicos, fenotípicos y fisiopatológicos que influyen en las trayectorias metabólicas de la prediabetes, evaluando el riesgo de progresión a DM2 y la probabilidad de regresión a la normoglucemia.

Los materiales y métodos incluyeron: revisión y análisis de datos epidemiológicos globales y multiétnicos, incluyendo el comportamiento de subgrupos por sexo y edad, junto con el análisis de 103 estudios de cohortes prospectivos a nivel mundial en individuos con hiperglucemia intermedia (HI). Se evaluaron variables como la glucemia en ayunas alterada (GAA), la intolerancia a la glucosa (ITG), la HbA1c y la glucemia plasmática de 1 hora (GP-1h), correlacionándolas con pruebas de referencia como el clamp hiperinsulinémico-euglucémico.

Con respecto a los resultados, los datos de EE. UU. sugieren que en entornos obesogénicos los factores ambientales locales prevalecen sobre la predisposición genética, sin diferencias significativas en la prevalencia de prediabetes entre etnias (asiática: 37,3%; negra: 39,2%; hispana: 35,4%; blanca: 38,7%). No obstante, la tasa de progresión de ITG a DM2 mostró variabilidad geográfica, siendo mayor en indios asiáticos (18,3% anual) frente a poblaciones chinas (11,3% anual), estadounidenses (11 por 100 personas-año) y finlandesas (6,0% anual). Por sexo, los niveles elevados de glucosa a las 2 horas en hombres y la glucemia basal alterada en mujeres se asociaron con mayor progresión.

El análisis de 103 cohortes evidenció que la combinación de GAA/ITG y HbA1c elevada incrementa la incidencia acumulada de DM2, aunque sin un aumento lineal definido en el tiempo; de igual forma, las tasas de regresión a normoglucemia fluctuaron sin una tendencia lineal decreciente. Fisiopatológicamente, los progresores a DM2 manifestaron disfunción de las células beta antes de alcanzar rangos prediabéticos, empeorando al elevarse la glucemia. Mediante la técnica de clamp, se constató que la transición de normoglucemia a prediabetes se asocia con una menor sensibilidad basal a la insulina y una caída más pronunciada de esta a lo largo de los años.

Finalmente, los individuos con GAA y GP-1h alta presentaron un riesgo significativamente mayor de desarrollar DM2 (11,4% vs. 1,8% en aquellos con GP-1h baja). En pacientes con ITG, una GP-1h elevada incrementó el riesgo de progresión al 14%, mientras que en aquellos con GP-1h baja el riesgo de conversión fue prácticamente nulo.

En conclusión, la compleja interacción genética, dietética y socioambiental dificulta una categorización fenotípica universal de la prediabetes. Es imperativo implementar programas de intervención accesibles que consideren determinantes culturales y socioeconómicos. Se sugieren estrategias terapéuticas personalizadas basadas en el perfil de riesgo individual y el fenotipo metabólico, reservando el seguimiento estrecho para los pacientes de bajo riesgo, con el objetivo definitivo de alcanzar la remisión a TNG y prevenir complicaciones micro y macrovasculares.

Complicaciones vasculares en prediabetes 2

Corina Debiaggi

La prediabetes (glucemia en ayunas alterada [GAA] entre 100 y 125 mg/dL, tolerancia a la glucosa alterada [TGA] entre 140 y 199 mg/dL o HbA1c entre 5,7 y 6,4%) constituye un estado patológico que puede producir daño vascular precoz, tanto macro como microvascular, y no una simple fase de transición a la diabetes mellitus tipo 2 (DM2). Su creciente prevalencia mundial supone una significativa carga cardiometabólica.

La resistencia a la insulina y la hiperglucemia crónica desencadenan estrés oxidativo por especies reactivas de oxígeno, inflamación sistémica de bajo grado (elevación de TNF-α e IL-6) y acumulación de productos finales de glicación avanzada (AGEs). Estos procesos causan disfunción endotelial, reducción de la vía PI3K/Akt y disminución de la biodisponibilidad de óxido nítrico, lo cual se refleja en una menor vasodilatación mediada por flujo (FMD).

A nivel microvascular, la hiperglucemia favorece el engrosamiento de la membrana basal capilar y altera la reactividad vascular, derivando en neurodegeneración retinal subclínica y microalbuminuria. En tanto que a nivel macrovascular, acelera la aterogénesis y la rigidez arterial, incrementando el grosor íntima-media carotídeo (CIMT) y la velocidad de la onda de pulso (PWV).

Metaanálisis y estudios prospectivos demuestran que la prediabetes eleva de forma independiente el riesgo de enfermedad cardiovascular, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y mortalidad general. La GAA y la TGA, especialmente combinadas, son predictores independientes de eventos adversos. Por lo expuesto, se justifica un abordaje preventivo, intensivo y multifactorial centrado en cambios en el estilo de vida y de ser necesario utilizando fármacos, para lograr un control metabólico integral que prevenga la aparición de complicaciones crónicas.

6 congreso diabetes 2026 simposios 6

La Dra. Corina Debiaggi debatirá sobre “Complicaciones vasculares en prediabetes 2”

Sarcopenia 

Oriana Franceschinis

El músculo esquelético es el órgano endocrino y metabólico responsable de aproximadamente el 80% de la captación de glucosa postprandial mediado por insulina. En consecuencia, la pérdida de masa y función muscular (sarcopenia), potenciada por la obesidad central, actúa como un determinante patogénico temprano y bidireccional en la transición de prediabetes a diabetes mellitus tipo 2 (DM2).

La disfunción del tejido adiposo visceral promueve la acumulación ectópica de lípidos intramusculares (miosteatosis) y la consecuente acumulación de diacilgliceroles y ceramidas. Estos mediadores lipotóxicos bloquean la cascada de señalización intracelular del receptor de insulina (IRS-1/PI3K/Akt), impidiendo la translocación de los transportadores GLUT4 a la membrana celular. Este fenómeno promueve una profunda inflexibilidad metabólica, deteriorando la capacidad mitocondrial para alternar eficientemente entre la oxidación de glucosa y ácidos grasos.

Simultáneamente, la hiperglucemia subclínica ejerce un efecto glucotóxico directo sobre el tejido muscular. Recientemente, se ha descrito un punto de inflexión crítico de HbA1c en 5,2% en individuos no diabéticos; a partir de este umbral, se desencadena una pérdida acelerada de masa muscular apendicular mediante la activación de vías proteolíticas como el sistema ubiquitina-proteasoma (vía WWP1/KLF15)2.

El diagnóstico clínico de la obesidad sarcopénica en el consultorio requiere un enfoque secuencial sistemático basado en el consenso internacional ESPEN/EASO, priorizando la evaluación de la fuerza muscular (dinamometría de prensión manual) seguido de la confirmación de la composición corporal (masa magra apendicular normalizada por peso mediante DXA o BIA).

Finalmente, en la era actual de terapias incretínicas (analógos de GLP-1 y coagonistas GIP/GLP-1), el manejo clínico de la obesidad enfrenta un desafío crucial: evitar la pérdida de masa magra, la cual puede representar entre el 25% y más del 40% del peso total perdido. Para garantizar una “pérdida de peso de alta calidad”, preservar el gasto energético de reposo y restaurar la sensibilidad insulínica, resulta imprescindible prescribir entrenamiento de fuerza muscular progresivo y asegurar un aporte proteico optimizado de 1,2 a 1,6 g/kg/día.

7 congreso diabetes 2026 simposios 6

En el simposio “Determinantes clínicos y tisulares en la progresión de la prediabetes” la Dra. Oriana Franceschinis disertará sobre “Sarcopenia”

MASLD y grasa ectópica 

Belén Redolfi  

La prediabetes representa una etapa temprana del continuo cardiometabólico, en la que la resistencia a la insulina y la disfunción del tejido adiposo juegan un papel clave. La interacción entre factores genéticos y ambientales favorece la expansión patológica del tejido adiposo, que inicia con la hipertrofia adipocitaria, hipoxia y estrés del retículo endoplasmático, desencadenando la activación de vías inflamatorias. Como consecuencia, aumenta la liberación de adipocinas y citocinas proinflamatorias que promueven el reclutamiento de macrófagos y perpetúan un estado de inflamación crónica de bajo grado y resistencia a la insulina.

La resistencia a la insulina del tejido adiposo incrementa la lipólisis y el flujo de ácidos grasos libres hacia órganos no especializados en el almacenamiento lipídico, como hígado, músculo esquelético, páncreas, corazón y lecho vascular. La acumulación de grasa ectópica en estos tejidos constituye un mecanismo central de lipotoxicidad, deterioro metabólico, disfunción de múltiples órganos, progresión hacia diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y enfermedad cardiovascular.

En este escenario, el hígado actúa como sensor metabólico del tejido adiposo disfuncional y como principal objetivo de este estado lipotóxico, lo que explica la estrecha asociación entre la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), la prediabetes y la resistencia a la insulina. El aumento del aporte hepático de ácidos grasos libres favorece la esteatosis y la hipersecreción de lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), originando la dislipidemia aterogénica característica de los estados de resistencia a la insulina, con hipertrigliceridemia, descenso del colesterol HDL y predominio de partículas LDL pequeñas y densas, alteraciones estrechamente relacionadas con el incremento del riesgo cardiovascular.

El tratamiento ha evolucionado desde una estrategia centrada exclusivamente en la pérdida de peso hacia un enfoque integral orientado a mejorar la función del tejido adiposo, reducir la grasa ectópica y revertir la disfunción metabólica. Las modificaciones intensivas del estilo de vida continúan siendo la piedra angular del tratamiento; sin embargo, la pioglitazona, los agonistas del receptor de GLP-1 y los agonistas duales GLP-1/GIP han demostrado beneficios sobre la sensibilidad a la insulina, la reducción de grasa hepática y el perfil cardiometabólico. 

Comprender el papel del tejido adiposo disfuncional permite integrar la obesidad, la prediabetes, el MASLD y la enfermedad cardiovascular dentro de un mismo continuo fisiopatológico, donde la grasa ectópica emerge como un objetivo terapéutico relevante para modificar la evolución de estas enfermedades.

SIMPOSIO: Enfoque de la obesidad en la familia

El último simposio del sábado 31 de octubre será coordinado por la Dra. María Eugenia Andrés y tratará acerca del “Enfoque de la obesidad en la familia”.

Obesidad en la niñez: detección precoz y abordaje 

Nuria Grimberg

La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y recurrente, asociada a factores genéticos, fisiológicos, socioeconómicos y ambientales que constituye un problema de salud pública en forma global1. En la Argentina, según datos de la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, el 13,6 % de los menores de 5 años y el 41,1% de los niños y adolescentes entre los 5 a 17 años padecen exceso de peso.

La obesidad en pediatría se asocia a un mayor riesgo de obesidad en el adulto y expone a niños y adolescentes al riesgo de sufrir consecuencias adversas graves para la salud, tanto a corto como a largo plazo, incluyendo enfermedad cardiovascular y diabetes. 

El índice de masa corporal (IMC) se correlaciona bien con el grado de adiposidad y, epidemiológicamente, con el riesgo de morbimortalidad. A pesar de sus limitaciones, el IMC sigue siendo la herramienta recomendada para el screening y el diagnóstico del sobrepeso y la obesidad. Se complementa con otras medidas antropométricas, como el perímetro de cintura. Se deben considerar también antecedentes personales y familiares, datos del examen físico y estudios complementarios. 

La evaluación de los niños y adolescentes con sobrepeso u obesidad debe ser integral, incluyendo historia clínica, examen físico, aspectos psicológicos, trastornos alimentarios y determinantes sociales de la salud. Se debe evaluar la presencia de comorbilidades. La solicitud de estudios complementarios se realizará según edad, clínica y antecedentes. 

La prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la obesidad sin comorbilidades debe estar a cargo del pediatra en el primer nivel de atención. Quienes no presenten buena respuesta al tratamiento inicial o asocien comorbilidades deben ser derivados a un pediatra especialista en nutrición junto a un equipo multidisciplinario. 

El tratamiento debe ser integral; se recomiendan intervenciones conductuales y psicológicas multicomponente (nutrición, actividad física, psicología), incluso utilizar un enfoque centrado en el paciente y la familia, reconociendo la obesidad como enfermedad crónica y evitando el estigma. El médico especialista deberá considerar la farmacoterapia para la pérdida de peso como complemento de las intervenciones sobre cambios de estilo de vida, evaluando indicaciones, riesgos y beneficios.

Se requiere más información sobre los objetivos de pérdida de peso y los riesgos y beneficios a largo plazo de las intervenciones. 

Abordar la prevención primaria de la obesidad infantil constituye una prioridad fundamental de salud pública. 

Adolescencia: desafíos clínicos y psicosociales 

Verónica Vaccarezza

La obesidad en la adolescencia constituye uno de los principales desafíos de salud pública debido a su creciente prevalencia, su compleja fisiopatología y el impacto que ejerce sobre la salud física, mental y social. Actualmente se reconoce como una enfermedad crónica, multifactorial y recidivante, resultado de la interacción entre factores biológicos, genéticos, ambientales, psicológicos y socioculturales. En esta etapa del desarrollo, caracterizada por profundos cambios físicos, emocionales y cognitivos, el exceso de adiposidad adquiere implicancias que trascienden el riesgo cardiometabólico. 

Los adolescentes con obesidad presentan una elevada carga de comorbilidades clínicas, entre ellas resistencia a la insulina, prediabetes y diabetes mellitus tipo 2, dislipidemia, hipertensión arterial, enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica, apnea obstructiva del sueño y alteraciones ortopédicas. Sin embargo, las consecuencias psicosociales suelen ser igualmente relevantes. La estigmatización relacionada con el peso, el bullying, la discriminación y la internalización del estigma afectan la autoestima, favorecen el aislamiento social y aumentan el riesgo de ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria y deterioro de la calidad de vida. Estas experiencias pueden dificultar la adherencia a los tratamientos y perpetuar el círculo de la enfermedad. 

El abordaje clínico requiere una evaluación integral que contemple tanto las complicaciones metabólicas como la salud mental, el contexto familiar, los determinantes sociales y los hábitos de vida. 

Las intervenciones centradas exclusivamente en el peso han demostrado ser insuficientes; en cambio, los modelos interdisciplinarios que integran pediatría, endocrinología, nutrición, psicología, actividad física y trabajo con las familias ofrecen mejores resultados. Asimismo, el lenguaje respetuoso y libre de estigma constituye una herramienta terapéutica esencial para fortalecer la alianza con el adolescente y promover cambios sostenibles. 

En los últimos años, la comprensión de la obesidad como enfermedad crónica ha impulsado un cambio de paradigma terapéutico. Además de las intervenciones intensivas sobre el estilo de vida y el acompañamiento psicosocial, hoy se dispone de tratamientos farmacológicos con evidencia de eficacia y seguridad en adolescentes seleccionados, así como de la cirugía metabólica en casos cuidadosamente evaluados. Estas estrategias no reemplazan el abordaje interdisciplinario, sino que lo complementan, y ofrecen un tratamiento personalizado según la gravedad de la enfermedad, la presencia de comorbilidades y las necesidades de cada adolescente, con el objetivo de mejorar tanto los desenlaces metabólicos como la calidad de vida. 

Obesidad en la etapa menopaúsica

Paola Polo

La transición hacia la menopausia y el período posmenopáusico constituyen etapas vitales caracterizadas por cambios fisiológicos profundos que incrementan significativamente los riesgos para la salud, mediatizados en gran medida por el desarrollo de obesidad y alteraciones en la composición corporal. El abordaje clínico en esta población exige una estrategia multidisciplinaria que combine intervenciones en el estilo de vida, farmacoterapia avanzada y, en casos seleccionados, procedimientos quirúrgicos.

Estrategias farmacológicas para la obesidad

 El arsenal terapéutico actual incluye potentes agentes farmacológicos. Se destacan los agonistas del receptor de GLP-1 (Semaglutida, Liraglutida) y los agonistas duales de GLP-1 y GIP (tirzepatida), que promueven la saciedad, reducen el apetito y ralentizan el vaciamiento gástrico. Adicionalmente, se consideran opciones orales como la combinación de naltrexona-bupropión y el inhibidor de lipasas, orlistat. Es crucial monitorizar la tolerancia gastrointestinal, especialmente dada la interacción potencial de estos fármacos con la absorción de otros medicamentos.

Terapia de reemplazo hormonal y sinergia terapéutica

La terapia de reemplazo hormonal (TRH) está indicada específicamente para el alivio de síntomas climatéricos (síntomas vasomotores, atrofia vulvovaginal y dispareunia) y no debe prescribirse basándose en niveles séricos de hormonas, cuya monitorización no se recomienda en la práctica clínica habitual.

Para pacientes en tratamiento concomitante por obesidad, la estrógeno-terapia transdérmica es la formulación sistémica preferida. Esta vía evita el metabolismo de primer paso hepático y, fundamentalmente, su eficacia no se ve comprometida por el retraso en el vaciamiento gástrico inducido por los agonistas de GLP-1. En caso de persistencia o exacerbación de síntomas menopáusicos bajo tratamiento con GLP-1, se recomienda la derivación a especialistas para la optimización del régimen hormonal.

El manejo exitoso de la paciente perimenopáusica con obesidad requiere una comprensión profunda de las interacciones entre los cambios hormonales y metabólicos. La integración de terapias farmacológicas modernas para la pérdida de peso junto con una TRH optimizada y, cuando sea necesario, cirugía bariátrica, permite no solo el control ponderal, sino también una mejora sustancial en la calidad de vida y la mitigación de riesgos cardiometabólicos a largo plazo.

Obesidad en el adulto mayor: ¿cuándo tratar con fármacos?

Romina Clemente

La prevalencia de la obesidad en adultos mayores (≥ 60 años) ha alcanzado niveles críticos del 42%, representando un desafío para la salud pública por su asociación con discapacidad, mortalidad y fragilidad. Con el envejecimiento, la composición corporal cambia, aumentando la adiposidad visceral y disminuyendo la masa muscular, lo que da lugar a un fenotipo con mayor riesgo cardiometabolico conocido como obesidad sarcopénica. El manejo clínico debe trascender la edad cronológica, priorizando el estado funcional y la salud biológica del paciente.

La evaluación debe ser integral, analizando comorbilidades, fragilidad mediante escalas validadas (Fried, Edmonton) y evaluación antropométrica. Es fundamental diagnosticar la obesidad sarcopénica mediante la medición de la fuerza muscular (prensión manual o prueba de levantarse de la silla) y la cuantificación de la masa magra (DXA o BIA).

Las indicaciones de tratamiento son las mismas que la población general, pero teniendo en cuenta algunas precauciones. Según los estándares de la ADA, el tratamiento farmacológico se indica con un IMC ≥ 30 kg/m² o ≥ 27 kg/m² ante complicaciones como prediabetes, diabetes mellitus tipo 2 (DM2) , hipertensión, enfermedad cardiovascular establecida, insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada, esteatohepatitis, apnea del sueño u osteoartritis.

A pesar de que los adultos mayores suelen estar subrepresentados en los ensayos clínicos, la evidencia de los estudios pivotales sobre la eficacia de los fármacos en el descenso de peso es contundente:

  • Orlistat (XENDOS). Pérdida del 3-5%; requiere vigilar la hidratación y suplementar vitaminas liposolubles para proteger la salud ósea y muscular
  • Naltrexona/Bupropión (COR). Pérdida del 5%; útil en hambre emocional, pero requiere cautela por el riesgo de efectos neuropsiquiátricos como agitación e insomnio 
  • Liraglutida (SCALE/LEADER). Pérdida del 8% y reducción del 34% en MACE en individuos ≥ 75 años.
  • Semaglutida (STEP/SELECT). Pérdida del 16% y una reducción del 20% en MACE.
  • Tirzepatida (SURMOUNT/SUMMIT). Pérdida del 21% y una reducción del 38% en eventos de insuficiencia cardíaca.

Las precauciones incluyen: evaluar interacciones por polifarmacia, titulación gradual, hidratación óptima y un aporte proteico de 1,2 a 1,5 g/kg/día junto con ejercicios de fuerza individualizados para preservar masa muscular y autonomía. 

La edad avanzada no es una contraindicación para la farmacoterapia. Los beneficios cardiometabólicos son evidentes siempre que se realice una evaluación continua de efectos adversos. No obstante, se requieren estudios a largo plazo dirigidos específicamente a la población de adultos mayores. El objetivo del tratamiento no es solo perder peso sino mejorar funcionalidad y calidad de vida.